Archivo de Noviembre de 2011

MENCIÓN HONORÍFICA para el escritor Manuel Morera

Al escritor Manuel Morera se le otorgó una MENCIÓN HONORÍFICA en el acto de entrega de premios de Relatos Urbanos 2011 celebrado el 18 de noviembre en Alicante.

¿Qué está pasando?

¿Qué es lo que está pasando?

Esto va a terminar reventando más tarde o temprano si no le ponemos remedio.

Ya va siendo hora de demostrar que no somos un país de pardillos.

Cualquier noticia que escucho, veo o incluso intuyo, es tremendamente preocupante ante los ojos de de ciento de miles de personas, que no saben como van a vivir el próximo año. Personas que carentes de conocimientos económicos, más bien sufridores en silencio y marionetas que se dejan manipular por unos cuantos ladrones de sentimientos, que solo presumen de ser expertos gurús de la economía y bajo un punto de vista puramente tecnocrático, toman las decisiones de siempre.

 A la hora del almuerzo, en lujosos despachos, y con la única compañía de su propia avaricia, influyen en los mercados, para que según con el humor con el que se hayan levantado y sin mucho esfuerzo, todo siga exactamente igual o peor que el día anterior, es decir, que el  0,16 por ciento de la población mundial siga poseyendo el 66 por ciento de los ingresos mundiales.

En este país, al que tendríamos que tratar como nuestra propia casa, le seguimos engañando.

Lo intuimos en su momento, pero no fuimos capaces de reaccionar.

Nuestros gobernantes cerraron los ojos y no quisieron asumir la realidad.

Ahora se confirma, pero ya es algo tarde.

Esto viene de lejos. No es de ahora. Algunos problemas incluso provienen de la dictadura. Todavía son solo 1400 personas, gente influyente que desde el dictador hasta nuestros días siguen manejando un patrimonio que llega a suponer el 80 por ciento de PIB español.

Son datos espeluznantes que todo el mundo debería conocer.

Las 35 mejores empresas del país que cotizan en Bolsa han tenido en el 2010 unos beneficios que superan los 56.000 millones de euros, un 24% de beneficio con respecto al año anterior. Mientras tanto el poder adquisitivo de la población ha disminuido, ya que la subida ha sido del 1% y la inflación un 3%.

¿Qué quieren que les diga?

Todo el mundo está asustado, apenados, tristes. Incapaces en muchos momentos de seguir adelante.

Pero con llorar no conseguimos nada.

Tenemos que recuperar los valores más internos y seguir peleando en pos del bienestar común. Ya no por nosotros, que somos en parte culpables del desastre, si no por darles a la generaciones venideras la posibilidad de tener un mundo mejor. Donde todavía puedan recordar que sus antecesores hicieron cosas constructivas y no solo se cargaron el medio ambiente.

La ética, el respeto, la honradez, la humildad, la profesionalidad., siempre serán sinónimos de éxito y buen hacer, y ni muchos menos están reñidos con la aspiración o los retos más humanos.

 Debemos dejar la excesiva sociedad de consumo a costa de lo que sea.

No tenemos que obsesionarnos con la palabra enriquecer sino con la de cooperar, para entre todos salir de este pozo en el que nos encontramos.

Tenemos que dejar de ser el país del “Lazarillo de Tormes”, y no engañar constantemente. No siempre el fin justifica los medios.

Hay que olvidarse por unos momentos de las grandes empresas y centrar toda nuestra atención en los pequeños y medianos empresarios.

Si todo el mundo lo sabe ¿Por qué nuestros dirigentes no ponen empeño en ello?, ¿a caso no les interesa?, ¿hay algo oculto que no sepamos?

Eso sí. No pensemos que todo esto se puede lograr sin trabajo. No me refiero exclusivamente a trabajo laboral, si no a esfuerzo moral tan olvidado hoy en día. Tendremos que poner en marcha la ley de las tres “pes”, paciencia, prudencia y perseverancia, si queremos tener alguna posibilidad de salvar todo el esfuerzo que hicieron nuestros abuelos y bisabuelos en circunstancias mucho más complicadas que las actuales. Ellos pasaron hambre, no tenían ni un pequeño mendrugo de pan que llevarse a la boca. Nuestros jóvenes tienen televisión en la habitación, ordenador y zapatillas de marca, y sin embargo les falta un pequeño mendrugo de atención por parte de la sociedad, logrando que este sea sustituido por el botellón.

Pasamos de un extremo a otro. Bien nos sentimos culpables y les sobreprotegemos, o hacemos todo lo contrario y les exigimos más de la cuenta. Debemos enseñarles a que sean libres, maduros y moralmente independientes para que sepan ser líderes en un futuro que se planea algo complicado. Pero eso solo se logra con la ley del esfuerzo y el estímulo, no pudiendo pasar de curso con cuatro asignaturas suspensas o enfrentándonos al profesor cada vez que llama la atención a nuestros hijos.

Al final volvemos a la única norma válida, según mi parecer, para que la convivencia del ser humano y su crecimiento social, moral y económico funcione “la creencia en los valores éticos llevada a todos los campos”.

Intentémoslo entre todos y demostremos que no somos marionetas.

Ante todo seamos por una vez auto-críticos y empecemos examinándonos a nosotros mismos.

Manuel Morera

Escritor