Despedida a nuestros mayores

por  | Abr 19, 2016 | 0 Comentarios

Despedida a nuestros mayoresDesde hace tres años la muerte quiere amargarnos la existencia. Todos los años se lleva a alguien querido y pone a prueba nuestra resistencia ante lo único de la vida que nadie es capaz de evitar. Solo nos queda recordar con cariño a los que por destino se tienen que marchar y pedirles que desde donde estén nos ayuden a soportar con dignidad su ausencia. Que su paso por este mundo no quede en el abandono y que su pérdida nos sirva para aprovechar al máximo el tiempo con aquellos que desean de nuestra compañía. Y con aquellos que se están despidiendo, y más sin son de avanzada edad y con su vida exprimida al máximo, por favor, tengamos la paciencia que se merecen, no les gritemos porque no hacen lo que queremos, respetémosles como seres humanos pues algún día nos veremos en su misma situación, y sobre todo hagámosles los últimos días de su vida los más felices y sosegados posibles.
Cuidemos a nuestros mayores y démosles todo el afecto y amor que se merecen.

“Todos somos Niza”

por  | Jul 19, 2016 | 0 Comentarios

todos-los-atentados-terroristas-en-francia-niza-bataclan-y-charlie-hebdo-entre-otrosPor primera vez, y a pesar de ser escritor, comienzan a faltarme las palabras que puedan expresar lo que siento tras lo ocurrido en Niza. Solo el corazón roto y las lágrimas instantáneas que brotan de miles de personas desconocidas al ver las crudas imágenes, son suficiente reflejo del dolor causado.
Podíamos haber sido cualquiera de nosotros. La sinrazón y la barbarie siempre atacan a los inocentes, a los más débiles, a los que no entienden que por dar un simple paseo por la playa o tomar un helado estás en peligro de muerte.
Las víctimas saben que cuentan con el cariño y apoyo mundial, pero a pesar de ello, tendrá que ser el tiempo lo único, que solo en parte, vaya cicatrizando la tremenda herida abierta por un loco sin escrúpulos.
Ya no existen palabras, solo sentimientos encontrados de dolor y odio.

Ahora lo único que pido como ciudadano, es que los que tienen la responsabilidad y el poder pasen del consuelo, y siento decirlo, en ocasiones hipocresía, a la acción. Lo malo es que hay demasiados intereses económicos en juego y eso siempre será una lacra difícil de superar. Seguirán pagando justos por pecadores.
¿Ya no tengo palabras o es que en realidad empiezan a faltar aquellas que justifiquen tales atrocidades?

“Todos somos Niza”

Amancio Ortega

por  | May 9, 2016 | 0 Comentarios

Amancio OrtegaAmancio Ortega, nacido en plenos inicios de la Guerra Civil en 1936, es felicitado en su octogenaria onomástica por todos sus empleados a lo largo
del todo el mundo.

Enemigo de dejarse ver en público y siempre demostrando una forma de vida de aparente humildad, a pesar de ser la persona más rica del mundo desde el pasado 23 de octubre por delante de Bill Gates, se ha visto obligado en esta ocasión a mostrarse ante todos sus empleados y dejarse agasajar, por culpa de su hija, artífice de la citada y original felicitación.

El poder

por  | Abr 15, 2016 | 0 Comentarios

el poder¿Qué tiene el poder que tanto corrompe? ¿Qué tendrá el dominio y la autoridad que algunos se “orgasmean” cuando su culo a buen recaudo lo sienten? Qué barata se vende la dignidad últimamente, creía que lo importante era defender el interés del pueblo español en general, y no solo el de aquellos que denominan “la gente”, palabra que al parecer está monopolizada por unos pocos intransigentes.
Estaba convencido que todos los votos son iguales, que todos somos pueblo. No entiendo los insultos de esos que tanto mienten. Hay una cosa que les hace común a todos, y es que hoy dirán una cosa y mañana otra diferente. Todo esto ya cansa.

Lo importante es que se gestione bien, que se gaste consecuentemente y que más pronto que tarde esto arranque, no vaya a ser que se demuestre que todo funciona mejor sin los políticos de siempre.

Nunca es tarde si la ducha es buena

por  | Jun 9, 2016 | 0 Comentarios

ducharse

Es cierto el título de “nunca es tarde si la ducha es buena”
ya que dedicado es este breve poema
a la cantidad de guarros que nos rodean
y que huyen por antipatía de la higiene corporal o externa.

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“Nunca es tarde si la dicha es buena”
sería la frase correctamente expuesta
y se utiliza para animar a alguien
a realizar, aunque sea tarde, una tarea.

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Por lo que pensándolo bien también esta valdría,
debido a que más vale tarde que nunca
que el guarro o guarra al que me refiero
se duchara, si no a todas horas, si todos los días.

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Son muchos los sinónimos conocidos,
y aun siendo el cerdo el que recuerda la mayoría
son otros tantos los que pueden denominar
a los que sin insultar se sientan, por lo menos, aludidos.

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El más cercano a tal pordiosera afición
sería puerco, casi de la misma familia,
pero más simpático me resulta cochino
o como específico si cabe su hipónimo lechón.

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También podría denominarse sin vergüenza marrano.
Sería una expresión tremendamente chivata
del que por ausencia de gel o jabón
consigue que todo él extienda cierto olor a ano.

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Perdóneme el lector tal ordinariez en el vocabulario,
pues no es mi pretensión el asquearle
con esta inoportuna y rocambolesca historia,
el culpable es el del principio, el guarro.

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Pero sigamos un poco más con esta tesis del gorrino.
Por cierto, de esta definición nos habíamos olvidado,
lo que demuestra que todavía quedan expresiones
capaces de diagnosticar al que solo se lava en domingo.

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Para ir despidiéndonos de tan vomitiva aclaración,
repelente, asqueroso, nauseabundo o cochambroso,
son otros tantos adjetivos que sin pensarlo
clarifican al repugnante que carece de higienización.

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Pero no me puedo despedir de este mugriento personaje,
sin recordarles que chancho es mi preferido,
del presente divertimento léxico

pues el guarro o guarra no se hace, nace.

El valor de la palabra dada

por  | May 30, 2016 | 0 Comentarios

frases-011Con que alegría usamos el vocabulario, sin darnos cuenta de que este está directamente relacionado con nuestros actos.

¿Por qué y para quién va destinado este artículo? Muchos de los que me leen con frecuencia se percatarán enseguida de ello.

Las redes sociales, los ordenadores, todo lo que hoy en día nos ha facilitado la comunicación escrita, está muy bien, pero estos avances están consiguiendo que se pierda el verdadero valor, y ante todo la valentía que nos enseñaron generaciones atrás a lo que se denominaba como “dar la cara”.

Nuestra juventud se comunica a través de mensajes de WhatsApp y ya no se miran a los ojos. Pero no son solo ellos. Todos hemos caído en una espiral de decadencia comunicativa.

Antes, un compromiso verbal era el mejor contrato porque iba refrendado con un apretón de manos y una mirada sincera. Ahora sin embargo, nos excusamos a la menor de cambio con unas cuantas frases mal escritas en nuestros iPhone. Y lo peor de todo, es que nos sentimos liberados de nuestra obligación o responsabilidad cuando vemos en la pantalla de WhatsApp los dos ticks azules que confirman la recepción del mensaje.
Por suerte, o eso creo porque en ocasiones lo dudo, pertenezco a una generación que tuvo siempre que lidiar los problemas en su juventud de forma directa, ya que el único medio de transmisión escrita, era una carta hecha a máquina de escribir y con papel de calco si querías guardar copia.Se pensarán los lectores que soy demasiado avanzado en edad y están en un error. Si lo piensan detenidamente, el correo electrónico, el fax, los móviles, etc., no llevan con nosotros tantos años como pensamos. Por cierto, también el fax ya está prácticamente en vías de extinción.El teléfono, el fijo ese de cordón, ya me entienden, era la mejor herramienta, pero se usaba para quedar personalmente y tratar el tema en cuestión.Fue por aquel entonces cuando la palabra compromiso tomó en mi vida un significado especial. Compromiso, es una obligación contraída por medio de acuerdo, promesa o contrato. Este señores, es el significado que a lo mejor por error heredé de mis progenitores, porque al parecer hoy en día la mayoría prefiere aferrarse a la parte negativa de la misma, es decir, usarla en los momentos de dificultad, apuro, o para salir de situaciones incómodas o embarazosas.La palabra es lo mejor que tenemos, lo que nos enriquece, pero la “palabra dada” es mucho más que un simple salir del paso, una excusa o escapar de un aprieto. Es lo que nos identifica como personas y lo que demostrará hasta donde somos capaces de cumplir con nuestro deber.El mundo está cambiando y el significado de la “palabra dada” del pasado se ha olvidado por completo.Era tan importante que hasta tenía su propia diosa. En la mitología romana Fides, diosa de la confianza, era la que encarnaba a la perfección el respeto hacía la palabra dada. Para ellos, la palabra era la fe en el individuo y lo que sustentaba todo el fundamento social y político. Pero será mejor no entrar en el terreno pantanoso de la política, pues en la actualidad se usa simplemente como una mera herramienta de engaño y distracción. Tanto es así, que si buscas en el diccionario sinónimos de política te aparecen entre otros los siguientes: habilidad, cálculo, astucia, marrullería…

Por eso la tenemos que usar de forma coherente y en el momento justo, porque salvo excepciones, nadie nos obliga a ello.

Fanatismo

por  | Jun 15, 2016 | 0 Comentarios

fanatismoTodo el mundo sabe que el fanatismo es una actitud de defensa desmesurada, una actividad manifiesta de pasión desmedida hacia cualquier tipo de causa, y aunque creemos que las que han provocado más daños a lo largo de la historia han sido todas aquellas que tuvieran que ver con la religión, no es más cierto también, que los incondicionales extremistas capaces incluso hasta de matar, se están extendiendo cada vez más por todo el mundo, y lo que es peor, añadiendo a su lista de barbaries cualquier tipo de fin; ya sea este, político, deportivo, pasatiempo, sexista, etc., con tal de imponer lo que estos locos consideran su única verdad.

A lo largo de los siglos hemos conocido guerras iniciadas en nombre de dioses falsificados por la mente de los poderosos, para que el pueblo, seducido y engañado, callera en las terribles fauces de la mentira, casi siempre provocados por la carencia de las necesidades más básicas.

Si damos una vuelta por los mayores conflictos mundiales o el nacimiento de líderes sin escrúpulos, a todos nos viene a la cabeza Adolf Hitler, estos se vieron aupados al éxito con extrema rapidez, en momentos donde se sufría una de las mayores crisis económicas del país. Cuando el pueblo tiene hambre, ya se sabe, pierde su capacidad de objetivar las cosas y sigue a cualquier tipo de “mesías” que le prometa la tierra prometida. Pero eso eran temas mayores, de mucho más calado y de los que creía que los ciudadanos del siglo XXI ya habíamos aprendido.

Un servidor, romántico empedernido, daba por hecho de que algunos comportamientos humanos, ya habíamos sido capaces de corregirlos y mejorarlos con el paso del tiempo. Craso error. La exacerbación y la intransigencia se están extendiendo como la pólvora, según demuestran las últimas imágenes en importantes eventos deportivos.

Los hooligan, sean ingleses, rusos o de Sebastopol, bañados en cerveza y alcohol, han estado dando un ejemplo del que al parecer seguimos en la edad media y no hemos aprendido absolutamente nada. Las imágenes ofrecidas por los medios de comunicación de la batalla campal en Marsella, podrían compararse perfectamente con cualquier película como Braveheart, a falta de la banda sonora.

En cierto modo, y aunque incomprensible e injustificable, ojala fuera solo eso. Y cuando digo solo, me refiero a lo exclusivamente deportivo, aún a sabiendas de los grandes desastres económicos que se producen, nunca comparables con el estimable valor de las pérdidas de vidas humanas.

Pero lo peor de todo, es que ahora estamos rodeados de “hooligan” en todo tipo de campo, políticos, sexistas, o de los más peligrosos, los informáticos”, pues amparándose en la clandestinidad y el cierto anonimato, disparan a diestro y siniestro todo tipo de insultos e improperios por cualquier nimiedad que se publica en las redes sociales, en la mayoría de ocasiones provocados por una información falsa o inteligentemente manipulada.

Ya hemos conocido como por estos medios se han derrocado regímenes y se han tumbado gobiernos, escribiendo desde un ordenador y sin realizar un solo disparo.

Es ahí donde, señores, radica el foco del radicalismo, en la MANIPULACIÓN.

El extremo fervor, exaltación o intolerancia hacia alguien o algo, comienza con la falta de criterio personal. Por eso nuestro mejor escudo será la información que poseamos. Mientras más cantidad, más capacidad tendremos de decisión y menos para dejarnos embaucar.

No es nada blanco o negro, existen infinidad de grises. En política, por ejemplo, y más en los tiempos actuales, no todos tienen la verdad absoluta. Queriendo ser positivo, y refiriéndome exclusivamente a los honestos, doy por hecho de que todos tienen algo positivo que aportar, independientemente de si son azules, naranjas, rojos o morados, y que solo en el consenso intelectual y en las buenas intenciones se puede construir.

Pero si partimos de la base de que son los propios líderes, los que atacan, destruyen, fabrican la información a su antojo y adulteran, hasta sus propios ideales, ¿cómo quieren que responda el pueblo?

Han conseguido que tras muchos años de partícipe ciudadano, me haya convertido en “agnóstico político”.

Una frase adulterada, la fabricación de una idea interesada o unos asesores de “pañal corto con falta de miras”, mediocres para lo que hoy el país necesita, están provocando un odio y un comportamiento que creía daba por olvidado, y ante todo, superado.

Ya nadie respeta a nadie y todos los días vemos imágenes de odio, animadversión e inquina de salvajes que destruyen todo aquello que no va con ellos.

Por eso no entiendo el fanatismo hacia ninguna causa, y menos en política. Y sin embargo escucho y leo frases de gente, que más que seguir a una idea o persona, idolatra a su líder político como si de un Dios se tratara. Daría la vida por él y se ciega ante cualquier ocurrencia que salga por su boca. Es su única verdad y su ley.

Tengamos sumo cuidado con el camino que estamos tomando.

Pensemos por nosotros mismos, seamos abiertos de miras, no tiremos por la borda todos los valores de otras generaciones que con mucho esfuerzo defendieron, no confundamos la libertad de expresión con el libertinaje, y ante todo, utilicemos el respeto hacia el prójimo como base de nuestra convivencia.

Hospitales

por  | Abr 12, 2016 | 0 Comentarios

hospitalesEn esta ocasión he recibido el encargo, no reconozco cual es el motivo, de que dedique unas escuetas líneas a los hospitales.

Me pregunto porque a mí ¿será por mi larga experiencia con las citadas dependencias?, ¿será por que requieren de una expectativa desde el punto de vista del paciente?

Los edificios o residencias a los que me refiero proponen un gran contraste. Te puedes sentir el ser humano más abandonado en algunos momentos como el más protegido en otras. Todo depende del instante y, sobre todo, del trato recibido en cada caso.
Lo que está bastante claro y es muy significante, es que son las cuatro paredes que te suelen recibir en este mundo, y casi siempre las que te despiden, por lo que más vale no tenerles miedo y familiarizarse con sus aromas, colores, ruidos y ante todo con personal médico.

Sepamos primero de donde proviene el citado nombre de hospital.

Tal definición viene del latín hospes (huésped o visita) y el cual se derivó a hospitalia (casa para visitas foráneas). Posteriormente se transformó en hospital, denominación usada en la actualidad y cuyo principal objetivo es albergar y ofrecer auxilio a ancianos y enfermos.

Lo que me gustaría destacar en este artículo son las dos sensaciones vividas y a las que hecho mención unas líneas más arriba.

Muchos habrán vivido como un servidor, a no ser que siempre hayan disfrutado del servicio privado, la acumulación y el exceso de pacientes en las urgencias de los hospitales.

Cuando te encuentras en un pasillo de urgencias, acostado en tu cama, junto a otros enfermos esperando a que se te adjudique habitación, viendo pasar tanto a personal de la medicina como a visitantes esporádicos cuya misión es no separarse de su ser querido ni un instante, es cuando te sientes un simple estorbo que no ha hecho más que incordiar e incrementar un poco más la lista de ingresados del día.

Sin embargo y reconociendo la verdad, solo en una ocasión he sido víctima de tal error o sobrecarga enfermiza.

Peor se sentirían  en los primeros hospitales, cuando en el año 4000 a. C. ya se utilizaban los templos de los dioses para tal menester.

La sensación de tristeza y malestar se convierte en tranquilidad y sosiego cuando te dan habitación.

Pero no hace falta retroceder mucho en el tiempo para darnos cuenta de los avances, no solo de la medicina, sino de las condiciones estructurales que rodean al cuidado médico.

Desde bien joven, es decir hace 33 años donde pude estar ingresado en un hospital militar y en cuya nave nos encontrábamos 30 pacientes hasta la actualidad, se han producido innumerables mejoras sanitarias.

En aquel entonces subía con creces las probabilidades de ver alguna atrocidad entre tanto enfermo, y más cuando se encontraban mezcladas todo tipo de dolencias. Ya tuve la oportunidad de narrar en mi primer libro como un enfermo mental instalado en la cama opuesta intentaba cortarse las venas sin reparo alguno.

A los hospitales les rodean todo tipo de historias.

Hubo momentos donde se separaban a Señores feudales, esclavos y campesinos pobres (14 a. C.), se han utilizado con fines militares, etc. Pero lo que sí han tenido en común a lo largo de su historia es su función benéfica.

Una de las decisiones más importantes, dentro de esta breve historia del hospital, fue la tomada a finales del siglo XIX, cuando se decidió separar a enfermos mentales y tuberculosos del resto ¡y nos quejamos!

No sería fácil estar operado de la columna y mientras tener que convivir con un enfermo mental. Y no me refiero a enfermo mental ni mucho menos con desprecio.

Para algunos ya se ha convertido incluso en un segundo hogar por la frecuencia de sus visitas y la complejidad del tratamiento.

Podríamos estar hablando de los hospitales sin parar, tanto por las anécdotas que se suceden diariamente, como por la importancia que tienen en nuestras vidas. Pero lo que siempre he aconsejado a todo aquel que he podido, es que una breve visita de vez en cuando, solo para observar la suerte que poseen los que nunca los han pisado, es muy positivo para poner las cosas en sus sitio y nuestros valores en orden.

Y sobre todo siempre gracias a todas aquellas personas de la medicina que ejercen su trabajo con total profesionalidad y que dan todos los días el cariño y cuidado que nadie más sería capaz de dar en su lugar.

He visto ancianos abandonados a su suerte los últimos días de su existencia por algún descendiente sin escrúpulos, y han sido una buena enfermera o auxiliar, las que con su simpatía y buen hacer han endulzado una despedida anunciada.

Gracias de veras a todos ellos.

Otro día más

por  | Abr 11, 2016 | 0 Comentarios

otro dia masHoy, otro día más, nos han mostrado unas descarnadas y crudas imágenes de la realidad de la inmigración, de un éxodo humano que se ve obligado a huir de la brutalidad y barbarie intransigente de unos locos sin escrúpulos. Otro día más de una tragedia que no tiene fin y a la que los responsables mundiales parecen hacer oídos sordos. ¿Pero son solo ellos los culpables? Reconozco que cada vez que lo veo me corroe por dentro una intranquilidad moral difícil de explicar. Me remuerde la conciencia pensando en lo que podríamos hacer y no hacemos. En esta ocasión me ha costado más visualizar las imágenes. No era capaz de tomar ni una cucharada más de la deliciosa sopa que tenía delante, mientras observaba a los dos niños calados y llorando sin parar.

Un anciano se aferraba a la vida agarrándose con las pocas fuerzas que le quedaban a un salvavidas, mientras el bombero que se había lanzado al gélido agua, lo empujaba hacia la lancha hinchable con el brazo que tenía libre, pues con en el otro impedía que un pequeño se fuera a las profundidades, lo más seguro ya repletas de otros muchos que no lo consiguieron. No hay manos suficientes para tanto desafío, y lo peor de todo es que nuestros ojos se están acostumbrando a ver tal espectáculo sin soltar ni una sola lágrima.

Otro día más para sumar muertos a la lista de la desesperanza. Lista de un infortunio que sucumbe ante la mirada esquiva y cómplice de la mayoría. La escena era dantesca, desgarradora. En esos momentos hubiera deseado atravesar la pantalla del televisor y abrazar con todas mis fuerzas a otras dos criaturas que acababan de salvarse de una muerte segura.

Una niña soltaba su primera sonrisa mientras su rostro seguía tiritando sin parar junto a su hermano de dos años. Ambos estaban empapados hasta los huesos pero a salvo. En esta ocasión han logrado evitar pasar a ser parte de la extensa lista de cadáveres que yacen en el fondo del mar. Los padres, no sin dificultad, subieron después de ellos a la barcaza, y aunque las fuerzas les flaqueaban hasta para abrazarlos, consiguieron apartarlos a un lado y darles calor con la intención, primordialmente, de que los niños no se percataran de los quince cadáveres que estaban a sus espaldas cubiertos con mantas y con los que iban a tener que convivir la corta travesía que les quedaba.

Se han salvado cincuenta y solo han muerto quince. ¿Solo quince? Las cifras ya no nos sorprenden. Es un dato más, de otro día más.

Chiquilicuatres de pañal corto

por  | Abr 7, 2016 | 0 Comentarios

Chiquilicuatres de pañal cortoAprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid como pronuncia el dicho, querría rentabilizar las últimas opiniones de algunos personajes de gran renombre de la cultura y el periodismo, con respecto a la mediocridad que hoy en día nos rodea.

Siempre he pensado que la citada mezquindad o la anodina preparación van unidas a un deseo irrefrenable de poder, y a querer crecer en lo social y político demasiado rápido.
Como es lógico la juventud y la frescura de sus ideas tiene su valor, valor que debe de ayudar a sumar y ser un complemento, pero ello no puede sustituir en ningún caso a la experiencia y sabiduría que solo los años dan.
Ya hace treinta años que importamos del mundo anglosajón la cultura del crecimiento rápido a cualquier precio y donde a partir de los cincuenta ya no vales para nada, y eso supone que en muchos casos estemos desaprovechando los mejores conocimientos y el saber experto de la madurez. Tenemos una población cada vez más longeva, y eso no solo significa que se viva más años, sino que se envejece en mejores condiciones. Un servidor tiene cincuenta y tres años y ahora más que nunca me doy cuenta de lo mucho que me queda por aprender de nuestros mayores. Mayores a los que se les falta el respeto, y de los que la sociedad no se sabe aprovechar como es debido. Se les aparta y les dejamos entre bambalinas cuando en realidad tendrían que salir al escenario como protagonistas principales. Sin embargo tenemos a políticos “chiquilicuatres de pañal corto” con muchas ganas de protagonismo, pero nada más. ¿Por qué ir tan rápido? La vida da para mucho y no es necesario correr. La preparación no tiene límites y necesitamos de un aprendizaje continuo. Pedir ayuda y consejo no significa que nos humillemos o dejemos al aire nuestra ineptitud, significa humildad e inteligencia. Ahora, en estos momentos de incertidumbre social y política, es cuando más necesitamos de expertos, de expertos de la vida. Para resumir. Soy muy amigo de las citas y viene a colación mi preferida.

Como decía Baltasar Gracián “el primer paso de la ignorancia es presumir de saber”

Los límites de la exprexión

por  | Abr 19, 2016 | 4 Comentarios

libertad-expresion-imaginadajpg_optEl tema en cuestión es algo complejo y difícil de tratar, ya que aunque muchos crean que en la actualidad no existe censura, están totalmente equivocados, hay un concepto que lo sustituye, “lo políticamente correcto”. Todos los días tenemos que manejarnos bajo esa premisa. Podemos decir y expresar cualquier idea siempre y cuando, insisto, sea “políticamente correcto”, lo que elimina la libre exposición de opiniones en temas de cierta conflictividad moral. Dígase, religión, comprensión de ciertas tendencias sexuales, etc.
Sabemos de muchos que su corazón les dicta una cosa, y sin embargo sus labios expresan la contraria por el qué dirán. Pero vayamos a la ley.
La libertad de expresión es un derecho fundamental que está señalado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es imprescindible para la libre difusión de ideas, o como pronunciaba John Stuart Mill, esencial para el descubrimiento de la verdad.

No quiero que se me tache de poco liberal o de tener ideas algo dictatoriales, pero la pregunta que últimamente me corroe cuando veo ciertos programas de televisión o escucho ciertas tertulias, si es que se les puede denominar como tal al intercambio continuo de insultos, al no dejar hablar, o al pensar más en las formas agresivas de imponer una opinión, más que en el fondo del mensaje que se quiere transmitir, es ¿dónde está el límite de la libertad de expresión?
Hoy en día todos podemos difundir nuestras ideas y expresar los sentimientos sean cuales sean, pero ¿es necesario perder las formas?, ¿es necesario tanta mala educación?
Se abuchea en los platós de televisión, a la bandera, al himno, y hasta se pita sin parar a un jugador aunque en ese momento esté defendiendo la camiseta nacional y perjudique dicha actuación al todo el equipo. No he visto, en ya mi dilatada experiencia, que esto suceda en otro país del mundo.
Pero parece ser que todo vale. Creo que la normas básicas de convivencia donde se dice que “la libertad acababa donde empieza la del prójimo” o “no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti”, están más que olvidadas.
Según la Organización Foro de la Libertad, los sistemas jurídicos, y la sociedad en general, reconocen límites a la libertad de expresión, en particular cuando esta entra en conflicto con otros valores o derechos.
Debe de existir la máxima libertad de profesar y discutir, por convicción ética, cualquier doctrina por inmoral que esta pueda considerarse. Pero existe el llamado “límite de daño”, promulgado Mill que tiene el objetivo de evitar en esta libertad daños a otros, idea no apoyada por todos los expertos de la época, al considerar que no da una protección suficiente ante el comportamiento ilícito de los demás.
Lo que sí está claro es que parece que no tenemos límites de vergüenza social y admitimos todo tipo de comportamientos, aún a sabiendas de que estos son dañinos para algunos de los intervinientes. No confundamos la libertad de expresión con la grosería, el mal gusto, la descortesía, la vulgaridad, el descaro o la tosquedad.
A ver si entre todos mejoramos las formas de expresión para una mejor convivencia. Nunca es demasiado tarde.

Tremenda Decepción

por  | Abr 7, 2016 | 0 Comentarios

Tremenda DecepciónDespués de escuchar a los políticos estas últimas semanas, solo puedo decir que siento una tremenda decepción del nivel de la mayoría. ¿Se creen que somos estúpidos? Se contradicen todos los días. Si dicen hoy una cosa mañana es la contraria, y ni aun mostrándoles sus propias palabras son capaces de reconocer el engaño. Se aferran con tanta fuerza a sus puestos que les da exactamente igual si se llevan al país por delante.

Se escuchan a sí mismos y es el ego quien les domina. Empiezo a estar cansado de tanta falsedad y la apatía comienza a adueñarse de la ilusión. A mi entender solo se salvan unos pocos, y me refiero tanto a conservadores como socialdemócratas que hablan con claridad, pero que al parecer no tienen la fuerza suficiente como para hacer entrar en razón a unos jóvenes sin experiencia y que convencen exclusivamente por su facilidad de palabra y su léxico fluido.
Se llenan la boca diciendo que actúan pensando en España pero es mentira.
Un servidor, como otros muchos me imagino e independientemente de la ideología, y en estos casos de vacío de poder, solo desea que se gestionen bien los recursos, que los corruptos terminen en la cárcel, que disminuya el paro, que se modifique la ley electoral, etc.

Si esto sigue así que nos gestionen tecnócratas e independientes durante un año, aunque existe el peligro de que funcione y muchos políticos terminen en la cola del paro.

Políticamente correcto

por  | May 10, 2016 | 0 Comentarios

Políticamente correcto

“Políticamente correcto”, una expresión que escuchamos con frecuencia y que para un servidor en muchas ocasiones es sinónimo de “censura”.

Cada vez que se dice que lo expresado es “políticamente correcto”, es porque la opinión veraz, la verdadera, la que el interlocutor siente desde sus entrañas, la que le sale del corazón, no es capaz de divulgarla con total libertad. Y hoy por desgracia sucede demasiado a menudo.

En la televisión, por ejemplo, los miedos existentes por no poder expresar lo que uno quiere dependiendo de la cadena en cuestión, se hacen notar sin ningún tipo de prerrogativa o vergüenza. Solo se salvan aquellos que por motivos de audiencia, es conveniente dejarles total libertad porque su polémico y controvertido carácter incrementa los índices. Da igual que el personaje, como en algún caso un reconocido periodista, falte al respeto, sea un impresentable o pierda las formas. Todo sea por la pasta.

En lugar de promocionar a aquellos que usan bien el lenguaje, se expresan con educación, y saben tertuliar con el mayor respeto a pesar de la diversidad de ideas u opiniones, dejan cada vez más espacio y dan más importancia a los anteriores. A los que utilizan la grosería y la ordinariez como norma de conducta.

Estamos en tiempos increíblemente contradictorios. O bien dejamos que se digan las mayores ordinarieces, insultos y vejaciones orales y se vean crudas imágenes que dañarían la sensibilidad de hasta el más fuerte, y sin embargo se prohíben otras expresiones que estarían dentro de la total normalidad, porque no van con el color político de turno o con el interés económico en cuestión.

Otro ejemplo más de expresión fraudulenta, es decir, cuando se quiere decir algo pero no se debe, son las redes sociales.

No hay nada más que ver como fluyen las opiniones dentro de este medio, cuando la gente se siente libre, sola en la intimidad de una habitación frente a su único y cobarde cómplice, el medio transmisor. Dígase ordenador, tableta, teléfono móvil, IPAD, etc., a través de los cuales se difunden las mayores barbaridades, crueldades o salvajadas que uno haya podido escuchar a lo largo de su vida. Aquí no hay límites. No existen porque se carece de vigilancia, control y castigo si fuera necesario.

Por todo esto me pregunto: ¿Seguro que terminamos en su día con la censura? o simplemente ¿hemos cambiado la forma de ejercerla? ¿Nos hemos ido al extremo opuesto y todo vale, aun siendo conscientes de que cruzamos los límites del respeto hacia los demás?

Que cada cual medite sobre el mundo que estamos construyendo, seguro que hay cosas por mejorar.

¿Qué está pasando?

por  | Nov 3, 2016 | 0 Comentarios

estoy-harto

Por circunstancias de la vida llevo disfrutando del hospital La Fe de Valencia más de treinta años, si se le puede llamar disfrutar cuando vas como paciente. He pasado por casi todas las plantas y especialidades y lo único que he esperado siempre de las personas destinadas a salvaguardar nuestra salud ha sido profesionalidad, empatía y ante todo respeto, algo que algunos se pasan por el forro de…, cuando ven a uno con pijama. A esto le dedicaré unas líneas en otra ocasión, ya que no quiero que paguen justos por pecadores.

El destino me hace tener que utilizar como medio habitual de transporte, cuando la distancia supera los cien metros, una silla de ruedas desde hace ocho años. Les aseguro que por más años que han pasado sigo sin acostumbrarme. Y no es por la inmovilidad en sí, sino por cómo me ve, aunque a veces lo dudo, el mundo que me rodea. Cada vez que salgo de casa se repite la misma historia, y vivimos, lo digo en plural porque la que empuja la silla es mi mujer, multitud de anécdotas que nos hacen regresar a casa de muy mal humor. Muchos pasan de un servidor como si fuera un bicho raro, y faltos de educación solo les faltaría saltar por encima de la silla para colarse en el ascensor. Tropiezos, golpes…, e incluso empujones fuera de lugar. Todo ello se va asumiendo ya que no hay más remedio, pero lo que no estoy dispuesto a asumir en ningún caso es la falta de respeto. Falta de respeto de jóvenes y no tan jóvenes a los que no se les ha enseñado una lógica escala de valores. A mí me enseñaron a ceder el asiento a cualquier persona que lo necesitase, a decir buenos días, a dar las gracias, a respetar y ayudar a los mayores por encima de todo. ¿Pero qué pasa con algunos jóvenes? ¿Qué les pasa que carecen de humanidad y compasión? ¿Por qué ese afán de poner zancadillas y hacer daño para luego colgarlo en las redes sociales? ¿Qué está pasando?

Si les soy sincero, estoy cansado. Estoy cansado de la falta de tacto. Estoy cansado de la falta de profesionalidad de muchos que se olvidan de lo principal, la buena correspondencia y comprensión con sus pacientes. Estoy cansado de esos que manchan la buena imagen de la mayoría y que erraron su vocación. Estoy cansado de la falta de sensibilidad y altruismo de jóvenes que sin saber porque, solo llevan maldad en la venas a pesar de su corta edad. ¿Qué está pasando? Son ya ocho largos años y solo deseo no estar cansado.

Gracias a la Radio

por  | Abr 19, 2016 | 0 Comentarios

gracias a la radioTenemos que agradecer a Marconi, o mejor dicho a Julio Cervera Baviera, artífice de la primera transmisión de voz entre Alicante e Ibiza en 1902, el que en muchas ocasiones podamos rellenar momentos de soledad, donde imperan excesivos silencios, con sonidos de otros seres humanos que producen algo de aire fresco. Poder escuchar al otro lado de las ondas una voz agradable que llega a convertirse en uno más de la familia, tiene un valor incalculable que muchos saben apreciar.
¿Quién dijo crisis?, ¿quién dijo miedo? Todavía hay gente con ganas de emprender proyectos que verdaderamente merecen la pena.
Ayer nació CV Radio Valencia. Una gran familia de profesionales del medio radiofónico, que pretende meterse en nuestras casas para acompañarnos con la mejor información local. Su objetivo es poner a nuestro alcance noticias cercanas en interés y veraces en contenido, con una intención de fondo, la de entretener.
Desde ahora la actualidad se entiende mejor con CV Radio.
Mi más sincera enhorabuena.

El suicidio de las nuevas tecnologías

por  | Abr 15, 2016 | 0 Comentarios

El suicidioHace unos días, mientras tomaba un café en un bar, observé por casualidad y sin ánimo de ejercer el espionaje, el comportamiento de dos chicas de unos quince años que se encontraban en la mesa contigua y que me llamó poderosamente la atención.
No era nada complicado enterarse de la conversación gracias a la acústica del lugar. Una de ellas no dejaba de llorar, a lo que la compañera respondía con frases de compasión y consuelo.

-¿Pero, qué te ocurre?, ¿habéis roto de verdad?-, preguntaba.
-Sí. Creo que ya es definitivo. Me ha sido infiel.
-¿Qué?- se sorprendió la amiga. -¿Pero con quién?-.
-Si te lo digo no te lo vas a creer.
-Prueba a ver.
-Con su teléfono móvil.
-Venga ya. Me estás gastando una broma.
-Es totalmente cierto. No hablamos nada. Cada vez que estamos juntos lo único que hace es consultar el WhatsApp o las redes sociales y chatear con los amigos.
-Le dije que echaba de menos sus conversaciones y me ha terminado por dejar.

El suicidio Dejando la anécdota amorosa aparte…En otra de las mesas algo similar sucedía. Un grupo de cinco chavales manejaban absortos sus celulares como si les fuera la vida en ello. Los refrescos encima de la mesa esperando a ser consumidos, rodeados de un silencio sepulcral.
¿Qué narices estamos haciendo? ¿Estamos perdiendo el norte y la realidad de las cosas? ¿Son solo ellos o hemos sido los de nuestra generación los culpables de que no sepan escoger lo que en realidad les conviene?
El gran problema del excesivo uso de la tecnología corrompe a los de cualquier edad, pero este artículo va dirigido a su influencia en nuestra juventud, ya que es la que más tiene que perder por ello.
Estoy convencido de que muchos de nuestros adolescentes tienen las ideas muy claras, son grandes trabajadores y están muy preparados para la sociedad increíblemente competitiva en la que estamos inmersos. Pero hay otros muchos, por desgracia, que se amparan en la crisis y en las dificultades laborales, que nadie niega que existan, para realizar una vida parasitaria que solo les lleva a pensar en sus derechos pero nunca en sus deberes.
También hace treinta cinco años el país sufría un paro del 24%, en otros aspectos como la libertad de expresión o comunicación entre generaciones eran tiempos mucho más complejos y a pesar de ello con esfuerzo, empeño y con la palabra “rendir” fuera de nuestro vocabulario, muchos consiguieron forjarse una vida digna.
Pero volviendo al mal uso de las nuevas tecnologías.
Estas están a nuestra disposición para facilitarnos la vida y nadie puede ir en contra de los avances tecnológicos, pero está en nuestra razón, en nuestro saber hacer, en nuestra capacidad de poder discernir entre lo bueno y lo malo o en nuestra cordura, el que las usemos de la mejor forma posible.
Sin embargo estamos haciendo todo lo contrario. Nos dejamos de relacionar, son la justificación perfecta para evadirnos en ocasiones de dar la cara en momentos donde sería necesaria nuestra presencia, paralizan una buena conversación familiar a la hora de la cena, son la vía de engaño de citas a ciegas con el peligro que ello supone, son herramienta asesina del conductor irresponsable y sin escrúpulos que utiliza su móvil mientras va a ciento cuarenta kilómetros por hora, o pueden llegar a ser motivo de suicidio cuando algunos van sumidos y cautivados por su pantalla repleta de iconos mientras cruzan un paso de peatones con el muñequito en rojo.
Por eso tenemos que educar mejor a nuestros jóvenes en ciertas prácticas si vemos que por ellos mismos no son capaces de corregir un rumbo que se sabe erróneo.
Que abandonen de una vez por todas tanta aparatología y que se dediquen a descubrir lo que puede llegar a enriquecerles una buena tertulia con los amigos. Se darán cuenta de la abismal diferencia que existe entre observar la pantalla de un móvil o mirar directamente a los ojos de tu interlocutor. Incluso con un poco de suerte hasta se pueden llegar a enamorar.

ADAPTARSE O MORIR

por  | Feb 21, 2017 | 1 Comentario

Es muy difícil, cuando llegamos a ciertas edades, poder asimilar los cambios que la sociedad nos va imponiendo. Los cambios que, sin querer, nos llevan a un mundo distinto al que conocimos cuando éramos niños. Dicen que el éxito en la búsqueda de la felicidad, está en saberse adaptar a estas modificaciones continúas de nuestras costumbres. En saber asimilar formas de vida que nunca nos hubiéramos imaginado, y en discernir constantemente, que es por lo que merece la pena pelear o que valores estamos dispuestos a rechazar por mantenernos dentro del entorno más próximo. Lo que parece ser bastante obvio, es que mientras más queramos ser nosotros mismos, siempre y cuando estemos dentro de lo políticamente correcto, más aislados estaremos y más nos rechazará un mundo, que solo quiere borregos dispuestos a seguir la corriente general. O ceder para evitar la confrontación, o seguir con lo que se cree justo encontrándose enemigos en cada esquina.

Y no digamos con las diferencias generacionales; eso es otro cantar. Si persistes en tus ideales, eres un abuelo anticuado y con ideas obsoletas. Si no te gustan los tatuajes, malo. Si no te gusta la forma de hablar, peor. Que no estás de acuerdo con los que van enseñando los calzoncillos, es que no estás a la moda. Que tampoco entiendes porque un camarero se dirige a las personas octogenarias con un: “hola tíos, ¿qué deseáis tomar?”, eso es que no estás al tanto de la nueva forma de comunicación. Que todavía te da algo de repelús ver a algunos en tanga por la calle magreándose en público, entonces te tachan de homófobo. Lo dicho…, o te acoplas o estás vendido.

Pero saben lo que les digo, que hay ideales y valores que no estoy dispuesto a vender a ningún precio, aunque me quede solo.

Todos y Todas

por  | Abr 7, 2016 | 0 Comentarios

Todos y Todas¿Cuándo van a dejar de masacrar el lenguaje nuestros oradores? ¿Estarán de acuerdo conmigo los lectores en que ya estamos hartos de escuchar “todos y todas”, “ciudadanos y ciudadanas”, muchos y muchas, etc.? La Real Academia de la Lengua Española dice bien claro que el plural masculino implica hablar de ambos géneros, por lo que cuando alguien se dirige al público no es necesario, ni ante todo correcto, usar tal expresión.

No se debe de mezclar el uso correcto del lenguaje con la política, ya que dicha forma de hablar lleva consigo el mero afán de demostrar una intención sexista ya algo pasada de moda. Creo que la mujer es mucho más y está por encima de todo eso, y no creo que se sienta más comprendida porque el género femenino se reitere en cada frase, haciendo un mal uso del rico idioma de Cervantes. Lo importante es que se defiendan sus derechos y se la proteja de la brutal lacra de donde el género es importante de verdad, el de la violencia.
Pero ya no solo es el masculino sino el mal uso de ciertos femeninos. Para no aburrir demasiado un simple ejemplo.
El participio activo del verbo ser, es ente. Que tiene entidad. Por lo tanto, para nombrar a una persona que tiene la capacidad de ejercer la acción que define el verbo, añadimos ente. La persona que preside “presidente”, no presidenta.
Que los políticos se escuchen menos a sí mismos, que adornen menos sus palabras y que vayan al fondo de la cuestión, ya que la forma la destrozan.

“Estimado sr. Presidente y presidenta. Estimados y estimadas, todos y todas, ciudadanos y ciudadanas: creemos que vosotros y vosotras podéis ser mejores y mejoras. Necesitamos que seáis pacientes y pacientas con aquellos y aquellas, sobre todo adolescentes y adolescentas, estudiantes y estudiantas que desean aprender de nuestros mayores/as”

EL ESFUERZO DE TODA UNA VIDA PARA LOS DRÁCULAS DEL GOBIERNO

por  | Mar 6, 2017 | 0 Comentarios

impuesto sucesionesLo que está pasando en Andalucía con todo lo relacionado con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones es indignante. Un impuesto que ya de por sí, es un despropósito legislativo difícil de comprender para la mayoría, por considerarlo injusto e inmoral.

Según un artículo publicado en un conocido diario sevillano, parece ser, y dice textualmente que, “LOS ANDALUCES NO PODRÁN DISPONER DE SU DINERO SI SU MUERTE ES PREVISIBLE”, “la Junta obligará a certificar los movimientos de las cuentas corrientes de los fallecidos doce meses antes de morir”.

Antes de continuar con esta breve exposición sobre el tema, he tenido que contar hasta cien, para no soltar toda la blasfemia dialéctica que instantáneamente me venía a la mente. Una cosa es intentar, mediante objetivos legislativos, combatir con todo tipo de fraude fiscal, y otra muy distinta, ejercer de buitres carroñeros que siempre están dispuestos a sacar cualquier tajada de aquel que, por destino, la muerte le ha llamado a la puerta.

Muchos se han pasado la vida trabajando de sol a sol y pasando necesidades, con el único propósito de que sus hijos se pudieran ver beneficiados en el futuro de todo ese esfuerzo. Algunos nunca se hubieran imaginado que, en lugar de ayudar y aliviar la vida de sus herederos, lo que han hecho en realidad es transmitirles una carga considerable y una pesadilla legal; hasta el punto de que la renuncia a dicha herencia ha sido la mejor vía de escape.

A pesar de que varios juristas especialistas en materia fiscal, apuntan a que dicho impuesto debe de ser reformado, por considerarlo un “desastre” que causa situaciones verdaderamente esperpénticas, todavía existen legisladores más propios de un régimen dictatorial, dispuestos a draculear y conseguir por cualquier medio un trozo del pastel. Ya no solo pagamos todo tipo de impuestos en vida, sino que los que son especialistas en lucrarse parásitamente, están al acecho para joder al prójimo también una vez muertos.

¿Nos estamos convirtiendo en “El psiquiátrico de la Vía Láctea”?

por  | Mar 2, 2017 | 0 Comentarios

Así denominaba un compañero de programa de radio al mundo actual, debido a los dirigentes que estamos aupando al poder y que tienen una cosa en común, la ineptitud.manipulados

Ya han pasado a lo largo de la historia genocidas como Hitler (Alemania), Pol Pot (Camboya), Sadam Husein (Irak), el Carnicero de los Balcanes Milosevic (Yugoslavia), Mao Zedong (China), Mussolini (Italia), etc., y quiero creer, que ya han sido suficientes como para que el ser humano haya aprendido de sus errores y la historia no se vuelva a repetir. No olvidemos que alguno de ellos fue elegido democráticamente, y a pesar de ello volvemos a equivocarnos.

Al parecer es un sueño perdido, pues de nuevo estamos reuniendo a una serie de individuos, que se caracterizan por una locura desmedida y una incapacidad para gobernar sobradamente demostrada. Y sin embargo ahí están, seguidos por los miles de votantes desesperados o ansiosos de cambio, que no han sido capaces de discernir entre el deseo por mejorar y el peligro de ser dirigidos por un loco manipulador con extremadas ansias de poder.

Todo comienza con el conocimiento individual. Mientras más información poseamos y más preparados estemos, menos nos dejaremos manipular como borregos. Debemos ser mucho más exigentes con aquellos que manejan nuestros recursos y que tienen el poder. No olvidemos, que más de uno tiene la potestad del “botón rojo”, y podría llevarnos a un desastre de enormes, y posiblemente, últimas consecuencias. Bastante tenemos ya en la actualidad, con intentar aliviar los daños que está produciendo en todo el mundo el Yihadismo o en soportar los conflictos de Siria, Afganistán, Somalia, la insurgencia islamista en Nigeria desde el 2009, Yemen 2015, guerra contra el narcotráfico, etc., para que además agravemos una situación, ya de por sí al límite, poniendo en puestos de responsabilidad a tipos como Donald Trump, Maduro o el norcoreano Kim Jong-un.

Debemos saber, que gran parte de la responsabilidad la tienen aquellos que los eligen. Por desgracia, pero también por suerte, la historia la escriben los hombres, y son estos los que pueden cambiarla. Apartemos a los genocidas y dictadores, y cambiémoslos por personajes como Nelson Mandela o Gandhi.

MI AMADA CATALUÑA

por  | Sep 24, 2017 | 0 Comentarios

No querría extenderme mucho sobre el tema de mi amada Cataluña, para no perder más tiempo del necesario en contestar las burradas que algunos escriben en estos medios.

Solo decir que me da pena. Siento mucho dolor al ver como algunos jóvenes, que han tenido la suerte de vivir en una democracia conseguida con mucho esfuerzo, se manifiestan e insultan a España, la mayoría llevados por información manipulada. Siento mucho dolor al ver como se ha creado un odio después de que nuestros mayores consiguieran lo más difícil, salir de una dictadura, trabajar duro por la unión de un país, y lo más complicado de todo, terminar con muchísimos años de terrorismo, gracias al tesón, paciencia y buen hacer de todos los españoles.

Siento mucho dolor al ver lo que están consiguiendo.

21.09.2017

Joan Tardá

por  | Sep 24, 2017 | 0 Comentarios

Si antes lo digo, antes sucede. Nada más publicar sobre lo que creo es una manipulación injusta sobre los jóvenes en el tema que nos ocupa, Cataluña, veo el mejor ejemplo de ello. El político Joan Tardá, sobre el cual no merece la pena ni que me pronuncie, arenga con todo el brío que su garganta es capaz de soportar, a cientos de jóvenes a ocupar las calles. Tienen que apoyarse y sacar de sus casas a toda la gente que pueden, aunque muchos de ellos, por su extrema juventud, no sepan ni la razón real por la que supuestamente van a pelear. Al parecer, todo vale, y el fin justifica los medios.

Cada cual puede pensar libremente, como es lógico, y estar o no a favor de la independencia, pero si manipular ya es malo de por sí, amedrentar, chantajear, arredrar e incluso amenazar a todo aquel que no salga a las calles, con estar cayendo en traición a los suyos y a su tierra, es algo que pasa todos los extremos posibles.

Sigo sintiendo mucho dolor Joan Tardá. Cuando uno está en el poder y se siente aclamado por la multitud, las neuronas de la vanidad no dejan pensar con claridad.

23.09.2017

El SECRETO de CHARLOTTE

por  | May 11, 2016 | 0 Comentarios

El SECRETO de CHARLOTTELa trayectoria del escritor Manuel Morera ha sido exitosa e imparable. Consagrado ya desde su primera obra Manolín ya es un hombre, nos vuelve a sorprender con su ya noveno trabajo El secreto de Charlotte, donde nada es lo que parece ser. Londres, Burgos, El Vaticano, Gaza o Madrid, son los lugares donde transcurre una historia con extraños crímenes e intrigas inexplicables.

Una novela increíblemente bien entrelazada y con vocación cinematográfica que te mantiene en suspense hasta la última página.

Solo llevamos seis, solo seis.

por  | Oct 5, 2017 | 0 Comentarios

Siento mucho dolor por lo que estamos viviendo.

El 21 de diciembre de 1990 volví a nacer. Ese día a las 8 menos un minuto de la mañana hacía una parada obligatoria camino del trabajo. Un semáforo, situado en la esquina de la calle Amparo Iturbi con San Vicente en la ciudad de Valencia, mostró su color naranja y acto seguido el bermellón, lo que hizo que pisase el pedal del freno para detener el coche en la misma esquina y como todos los días. A unos diez metros también hacía su parada habitual un pequeño microbús de color verde para recoger a unos cuantos militares que vivían en la zona. Justo al otro lado de la calle un colegio que, por fortuna, dejaba entrar a la multitud de niños que se agolpaban en la acera, una hora más tarde. Todo era parte de una escena rutinaria con los mismos personajes de siempre. Las mismas caras, los mismos coches, el mismo vecino al que saludar a través de la ventanilla.

Tras unos segundos que se hicieron interminables, por fin el semáforo cambió a verde esperanza, nunca mejor dicho. Metí la primera, aceleré…, segunda y luego tercera. Ya no podías introducir otra marcha, porque otro semáforo situado a unos cien metros obligaba a detenerte de nuevo. En ese justo instante una fuerte explosión sobresaltó a todo aquel que se encontrase a dos kilómetros de distancia. Continué hacia el trabajo pensando en cual podía haber sido el motivo de tal estruendo. El gas fue el primer culpable que en esos momentos me vino a la cabeza. Por desgracia no fue así. Al parecer, un coche situado en la misma esquina donde había estado parado un minuto antes estalló por los aires alcanzando al vehículo militar. Más de 12 heridos y una vecina con las dos piernas amputadas fue el resultado. Esta vez había estado cerca.

¿A qué viene esta breve historia? Muchos recordarán que, durante 43 años, la primera pregunta que nos hacíamos al levantarnos era la de cuantos muertos habría ese día. A quien le tocaría esta vez. Quien podría volver sano y salvo a casa para, por lo menos, poder repetirse la misma pregunta. Porque la verdad señores, es que nadie estaba libre de ello.

La paciencia, la capacidad de sufrimiento y el rencor contenido, consiguieron terminar con el terrorismo de ETA hace seis años. Solo hace seis. Solo seis, donde la paz y la convivencia han prevalecido en un país muy castigado por el dolor.

Bastante tenemos ya con aguantar la sinrazón de un terrorismo yihadista imposible de prever y que hemos vivido en nuestras propias carnes en el atentado de Atocha y recientemente en Barcelona, como para tensionarnos más entre nosotros mismos después de todo lo sufrido. Solo llevábamos seis años, solo seis.

Muchos políticos de prestigio de todo tipo de ideologías pelearon por conseguir una democracia, que al parecer no hemos sabido administrar y, ante todo, explicar a nuestros jóvenes para que le dieran el valor que se merece. Ahora se hace un mal uso de ella y se corrompe su propio significado.

Me siento apóstata político, porque creo que no tenemos líderes políticos a la altura de la situación actual. Solo se miran el ombligo y no tienen capacidad de autocrítica. Lo que estoy viviendo y escuchando en estos últimos años, creía que nunca lo iba a vivir ni a escuchar. Da igual que se contradigan todos los días y que nos engañen vilmente, porque hemos perdido la capacidad de ser exigentes. No son capaces de sentarse a dialogar, aún a sabiendas de que está en peligro nuestra convivencia. Empezamos a estar cubiertos por nubes de odio. Un odio exclusivamente creado por la incompetencia de los que nos dirigen.

Intentemos no caer en sus fauces de poder y volvamos a saludar a nuestros vecinos, a disfrutar con nuestros amigos y a querer a nuestros hermanos. Seguro que lo podemos y debemos de hacer mejor, porque señores…, solo llevamos seis años, solo seis.

COMIENZA “El MONO”

por  | Jul 31, 2017 | 2 Comentarios

sadNo creía que lo iba a experimentar, pero tras dos meses y medio con morfina tengo los primeros síntomas de una posible adicción. Es terriblemente incomodo sentirte privado de ella y estoy deseando que me la retiren cuanto antes para no caer en la dependencia.

He llegado al síndrome leve de abstinencia “mono” y comienzo a padecer los efectos que éste produce. Lagrimeo, insomnio, convulsiones, escalofríos, y también las consecuencias psicosociales hacen su aparición. Trastornos de la memoria y la atención, estados contradictorios del estado de ánimo, depresión, apatía, euforia. Es un conjunto de reacciones físicas o corporales que ocurren cuando una persona con adicción a una sustancia deja de consumirla. Aunque los síntomas varían en forma e intensidad de acuerdo con el producto empleado y el tiempo que lleva desarrollándose la dependencia, en todos los casos se deben a que se ha alterado el funcionamiento normal del sistema nervioso.

Ya es habitual, que pasado los tres días de la duración, cuando llegan las últimas horas, tenga unos escalofríos repentinos y falta de sueño. El cuerpo se te agarrota, y de la tensión, terminas después de unas cuantas horas agotado sobre cualquier sofá cercano que esté dispuesto a refugiarte.

Por eso es leve, porque la siento unas cuantas horas antes de la nueva dosis y no dura mucho tiempo. No quiero ni pensar que pasaría si me lo retirasen de pronto. Ahora entiendo mejor que nunca a los que la padecen de manera habitual.

Siempre había oído hablar de ello y nos lo enseñan normalmente por la televisión para demostrarnos las consecuencias que éste síndrome produce, pero vivirlo en la propia piel es otra cosa muy distinta. No consigues frenar el cuerpo y solo deseas ponerte una nueva dosis o el abrazo de alguien cercano que te entienda y te dé calor.

Todo coincide. Desde que estoy con la medicación mi nivel de producción literaria ha disminuido considerablemente. Pero rendirse nunca. Escribir es la única forma de mantener la cabeza ocupada. Hasta los dedos parecen no querer seguir las instrucciones del cerebro y las pulsaciones sobre el teclado se ejecutan más lentas y torpes.

Tengo otra entrevista el próximo lunes en un importante programa de radio y cierto miedo a que cuando llegue el momento no saber responder de la manera adecuada. Me paso el día contando cuando me toca ponerme el parche, y así adaptar mi agenda lo mejor posible para evitar fallos imprevistos en el trabajo. No es la primera vez que tengo que anular alguna presentación, reportaje o entrevista porque estaba demasiado cerca la hora de la medicación, y los vértigos y mareos son demasiado frecuentes para poner en riesgo una buena promoción. No son fáciles de conseguir y hay que aprovecharlas al máximo.

La gente cercana, la familia, y los amigos juegan un papel importante en todo esto. Me siento mimado y protegido en todo momento y eso me da tranquilidad y fuerzas a la vez. Sobre todo tras demostrarme a mí mismo en estas últimas Navidades que las limitaciones hay que asumirlas. Ya no resisto toda la mañana de Nochebuena dando vueltas por el centro de Madrid, como en mí era costumbre desde hace cuarenta y cuatro años, y lo mejor será acortar el recorrido y adaptarlo a las condiciones físicas de cada momento. El año pasado fue complicado con la silla de ruedas, pero este se ha complicado aún más. La climatología adversa ha impedido incluso sacar la silla a pasear y el frío intenso de la capital a tempranas horas del día, ha hecho insufrible la tradicional y legendaria caminata.

Es sencillo contarlo y muy jodido el asumirlo. Pero es lo que hay. Espero que no me sea perjudicial para el futuro y como es de prever, solo signifique una pasajera anécdota más entre todas las que están sucediendo en esta historia.

Ahora entiendo mis cambios conductuales. Me preguntaba

-¿por qué?, si yo no soy así, ¿qué me está sucediendo?-

Todo tiene su explicación, y toda esta mierda se la debo a Morfeo, dios griego del sueño. No me extraña que en 1914  Estados Unidos ilegalizara el consumo de morfina y opio porque producía tolerancia, dependencia física y psicológica, y síndrome de abstinencia.

Los opiáceos son drogas con mayor poder activo, debido a que entran en el cerebro rápidamente. El efecto analgésico que produce la morfina tiene la particularidad de que ocurre sin pérdida de la conciencia y no afecta a otras modalidades sensoriales.

¡Menos mal!, solo faltaba que tuviera más afectaciones. Creo que con los vómitos, nauseas, mareos, escalofríos, temblores, cambios de actitud, euforia, apatía, depresión, falta de concentración, etc., es suficiente.

No consigo leer, algo imprescindible para enriquecer un poco más el vocabulario tan limitado que la mayoría tenemos en los tiempos que corren. Me da la sensación que estoy tirando por la borda un tercio de mi tiempo y cada línea tardo el triple de lo que era habitual antes de adherirme la pegatina medicinal con los opiáceos. Hace dos meses me sentía ágil, veloz, fresco en ideas y todo me fluía con relativa facilidad. Sin embargo ahora, me siento torpe, paralizado, adormilado, aturdido, ausente de mis pensamientos y agarrotado a la hora de plasmar las ideas sobre el papel.

Comienzo a pensar que es bien cierto el dicho de “es peor el remedio que la enfermedad”. Deseo hablar con los médicos, para intentar llegar a un acuerdo lógico y retroceder en lo que sea posible, retirando poco a poco la medicación. Soy conocedor de que no se puede eliminar de golpe y que se utilizan sustitutivos para llegar a la situación inicial, pero necesito que lo hagan cuanto antes. Si lo conseguimos entre todos, será síntoma inequívoco de que existe una mejora razonable.

La esperanza es lo último que se pierde y a lo que nos agarramos con fuerza para seguir pensando en que algún día todo volverá a ser como antes.

Sigo despertándome de vez en cuando a extrañas horas noctívagas creyendo que todo ha sido una pesadilla y que la nueva jornada me deparará una vida normal, rutinaria y activa. ¿Y por qué no?

Hay muchas personas que han podido superar peores enfermedades con fuerza de voluntad y paciencia, y esas son las que debemos tomar como ejemplo.

Por eso sigo siendo un admirador de Nietzsche y me quedo con su frase “La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte

Necesito una pequeña amnistía temporal de las dolencias y sobre todo un paréntesis anímico para poner en orden las ideas de un futuro algo incierto. Dos años son mucho tiempo y poco a la vez. Demasiado para la incertidumbre y corto para ponerle una posible solución cuyo tratamiento sería de por vida. Pero siguen pasando los días y estamos en las mismas. El teléfono no suena y la llamada que espero con ansiedad se hace de rogar.

A veces hasta siento cierto miedo por mi historial clínico. Cualquier novedad medicamentosa suele producir en mi cuerpo reacciones no deseadas, como ya he contado anteriormente, y eso me inquieta. Aun así es lógico que le tenga respeto, pero la palabra miedo hay que intentar eliminarla de mi vocabulario. Tengo que indagar y encontrar otros valores de infinidad de personajes, que siempre nos hayan servido como modelo de supervivencia y valor.

De cualquier forma, Si hay una característica humana a la que tenga verdadera admiración, esa es la vitalidad. Todas las personas que transmiten vigor, empuje, fortaleza, nervio o vivacidad son capaces, no solo de superarse a sí mismos, sino lo que es más importante, crear un aura a su alrededor de optimismo y euforia. Además no se trata exclusivamente de ser perseverante, a veces es mejor empezar de cero y partir con unas condiciones anímicas diferentes, es decir, “borrón y cuenta nueva”.

El pasado no se puede desraizar de nuestra existencia, pero si podemos decolorarlo tanto, que solo nos quedemos con aquello positivo que nos sirva de ayuda en la nueva aventura.

Tiene que ser la cualidad principal del hombre del siglo XXI. Saber adaptarse a los cambios que la sociedad nos trae en cada momento, si quiere sobrevivir con cierta dignidad.

Mientras muchos de nuestros predecesores tuvieron una sola casa, un solo trabajo, una familia, y como mucho dos coches, hoy en día otros ya han habitado siete casas, han sufrido once traslados, se han casado tres veces, tienen hijos que les es difícil recordar a quien corresponde cada uno, han cambiado de coche cada vez que había que sustituirle una rueda, no son capaces de saber el nombre de su jefe por la multitud de trabajos de los que han disfrutado y seguro que ya han padecido alguna de las enfermedades de moda como el estrés, depresión o trastornos bipolares varios. Este es el mundo actual para el que debemos estar preparados.

No vale consolarse. El mundo se mueve cada vez más rápido. Existen pérdidas de trabajo, nuevas situaciones laborales, separaciones y rupturas conyugales, aparecen más enfermedades raras y pandemias que pudieran modificar el rumbo de las generaciones venideras antes de que pudiéramos reaccionar. Nos movemos en una constante inestabilidad, todo lo contrario de lo que sucedía hace unos pocos años.

En mi caso tengo reparo a realizarme nuevos análisis, por si estos revelasen alguna nueva enfermedad no descubierta hasta la fecha. Un nombre nuevo para una afección más a incluir en mi ficha médica.

¡Da igual! Ahora toda la culpa o explicación se la doy a la morfina. Culpable de todas mis rarezas o  cambios repentinos de mi estado en general. Que tengo mala leche, la culpa de la morfina. Que me mareo, la morfina. Que tengo temblores, la morfina. Que no tengo apetito, la morfina de nuevo.

La verdad es que es una excusa perfecta para dar a entender en mi entorno que en realidad casi todo es perfecto.

Lo que me faltaba por oír (La España Nazi)

por  | Sep 26, 2017 | 0 Comentarios

Desde hace tiempo y por motivos exclusivamente de salud mental, me había propuesto mantenerme al margen del tema catalán. Una apostasía temporal que era imprescindible para poder seguir con un día a día, ya duro de por sí. Pero después de visto lo visto y de tanta provocación, como escritor, y ante todo como persona, necesito manifestarme; más si cabe cuando los escritores han sido a lo largo de la historia transmisores del pensamiento libre del individuo.

Hoy me he levantado con la siguiente publicación: Una joven independentista, compara los acontecimientos vividos en Cataluña, con la persecución de los judíos por parte de los nazis, y acto seguido veo un video donde un profesor instruye y arenga a una niña de cinco años, y están leyendo bien, repito…cinco años, a que grite delante de sus compañeros, en catalán claro está, ¡fuera extranjeros de mi país! ¡echaremos a vuestro ejército!¡los extranjeros moriréis!

¿Necesitan que diga algo más? Si les soy sincero, durante unos segundos me he quedado totalmente en blanco, y no porque me faltaran las palabras, todo lo contrario, sino porque todo lo que se me estaba pasando por la cabeza, encendería más un fuego, que casi nadie es capaz de apagar. Saldrían de mi boca exabruptos, injurias y vituperios que no tengo por costumbre decir, pero que calificarían a la perfección a los responsables de los actos dichos anteriormente.

Como dije ayer, uno es libre de sentirse o no independentista, pero no a cualquier precio.

Que cada uno medite sobre lo que estamos viviendo y que creía nunca llegaría a vivir.

24.09.2017

Todo se quema

por  | Oct 16, 2017 | 0 Comentarios

Por desgracia estamos rodeados de incendios por todas partes y, lo más triste y desgarrador, es que la mayoría son provocados por el ser humano.

Estamos inmersos en un incendio político que nadie es capaz de apagar, provocado exclusivamente por ideas mal llevadas a la práctica y que lo único que consiguen es encender los ánimos de la mayoría, hasta extremos donde la razón va perdiendo fuerza para dejar paso al odio y contrasentido. Un incendió donde lo único que se apaga, es la esperanza de todos aquellos que solo quieren vivir en paz y construir un mundo mejor para las generaciones venideras.

Últimamente estamos viendo incendios como el de California; camino de las cien mil hectáreas calcinadas y donde hogares, coches, y lo que es peor, vidas humanas, son presas de unas implacables llamas que han arrasado con todo lo que se han encontrado a su paso. Pero para agravar más si cabe la situación, vemos como se quema nuestra hermosa y maravillosa Galicia por culpa de unos terroristas medioambientales que deberían de estar entre rejas de por vida.

Estamos viendo todos los días, como la naturaleza y el llamado “Cambio Global”, el impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra, está haciendo estragos con comportamientos nunca conocidos (sequía extrema, huracanes fuera de lo común, lluvias torrenciales, terremotos, desaparición de especies, tsunamis, etc.) y nosotros, el supuestamente “ser” más inteligente que existe sobre el planeta, en lugar de preocuparnos por problemas de verdad como, llevar agua a cada rincón, vigilar nuestros montes de unos pirómanos sin escrúpulos o adaptarnos lo mejor posible a un cabio climático que parece imparable, dejamos que unos cuantos “politiquillos de pañal corto” mal inviertan su tiempo y los recursos de todos, en temas, muchas veces banales para la historia, comparados con los citados anteriormente.

Tendríamos que unirnos más en mantener y/o mejorar la forma de no perder nuestros recursos básicos en el futuro, en lugar de despilfarrar tiempo y dinero en ilusiones y sentimientos que no dan de comer. Si todo lo robado por muchos o lo malgastado en baldía propaganda sectorial, se hubiera invertido en crear puestos de trabajo, otro gallo habría cantado.

LOS LÍMITES DE LA EXPRESIÓN

El tema en cuestión es algo complejo y difícil de tratar, ya que aunque muchos crean que en la actualidad no existe censura, están totalmente equivocados, hay un concepto que lo sustituye, “lo políticamente correcto”. Todos los días tenemos que manejarnos bajo esa premisa. Podemos decir y expresar cualquier idea siempre y cuando, insisto, sea “políticamente correcto”, lo que elimina la libre exposición de opiniones en temas de cierta conflictividad moral. Dígase, religión, comprensión de ciertas tendencias sexuales, etc.
Sabemos de muchos que su corazón les dicta una cosa, y sin embargo sus labios expresan la contraria por el qué dirán. Pero vayamos a la ley.
La libertad de expresión es un derecho fundamental que está señalado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es imprescindible para la libre difusión de ideas, o como pronunciaba John Stuart Mill, esencial para el descubrimiento de la verdad.
No quiero que se me tache de poco liberal o de tener ideas algo dictatoriales, pero la pregunta que últimamente me corroe cuando veo ciertos programas de televisión o escucho ciertas tertulias, si es que se les puede denominar como tal al intercambio continuo de insultos, al no dejar hablar, o al pensar más en las formas agresivas de imponer una opinión, más que en el fondo del mensaje que se quiere transmitir, es ¿dónde está el límite de la libertad de expresión?
Hoy en día todos podemos difundir nuestras ideas y expresar los sentimientos sean cuales sean, pero ¿es necesario perder las formas?, ¿es necesario tanta mala educación?
Se abuchea en los platós de televisión, a la bandera, al himno, y hasta se pita sin parar a un jugador aunque en ese momento esté defendiendo la camiseta nacional y perjudique dicha actuación al todo el equipo. No he visto, en ya mi dilatada experiencia, que esto suceda en otro país del mundo.
Pero parece ser que todo vale. Creo que la normas básicas de convivencia donde se dice que “la libertad acababa donde empieza la del prójimo” o “no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti”, están más que olvidadas.
Según la Organización Foro de la Libertad, los sistemas jurídicos, y la sociedad en general, reconocen límites a la libertad de expresión, en particular cuando esta entra en conflicto con otros valores o derechos.
Debe de existir la máxima libertad de profesar y discutir, por convicción ética, cualquier doctrina por inmoral que esta pueda considerarse. Pero existe el llamado “límite de daño”, promulgado Mill que tiene el objetivo de evitar en esta libertad daños a otros, idea no apoyada por todos los expertos de la época, al considerar que no da una protección suficiente ante el comportamiento ilícito de los demás.
Lo que sí está claro es que parece que no tenemos límites de vergüenza social y admitimos todo tipo de comportamientos, aún a sabiendas de que estos son dañinos para algunos de los intervinientes. No confundamos la libertad de expresión con la grosería, el mal gusto, la descortesía, la vulgaridad, el descaro o la tosquedad.
A ver si entre todos mejoramos las formas de expresión para una mejor convivencia. Nunca es demasiado tarde.

GRACIAS A LA RADIO

Tenemos que agradecer a Marconi, o mejor dicho a Julio Cervera Baviera, artífice de la primera transmisión de voz entre Alicante e Ibiza en 1902, el que en muchas ocasiones podamos rellenar momentos de soledad, donde imperan excesivos silencios, con sonidos de otros seres humanos que producen algo de aire fresco. Poder escuchar al otro lado de las ondas una voz agradable que llega a convertirse en uno más de la familia, tiene un valor incalculable que muchos saben apreciar.
¿Quién dijo crisis?, ¿quién dijo miedo? Todavía hay gente con ganas de emprender proyectos que verdaderamente merecen la pena.
Ayer nació CV Radio Valencia. Una gran familia de profesionales del medio radiofónico, que pretende meterse en nuestras casas para acompañarnos con la mejor información local. Su objetivo es poner a nuestro alcance noticias cercanas en interés y veraces en contenido, con una intención de fondo, la de entretener.
Desde ahora la actualidad se entiende mejor con CV Radio.
Mi más sincera enhorabuena.

EL SUICIDIO DE las nuevas tecnologías.

Hace unos días, mientras tomaba un café en un bar, observé por casualidad y sin ánimo de ejercer el espionaje, el comportamiento de dos chicas de unos quince años que se encontraban en la mesa contigua y que me llamó poderosamente la atención. No era nada complicado enterarse de la conversación gracias a la acústica del lugar. Una de ellas no dejaba de llorar, a lo que la compañera respondía con frases de compasión y consuelo.
-¿Pero, qué te ocurre?, ¿habéis roto de verdad?-, preguntaba.
-Sí. Creo que ya es definitivo. Me ha sido infiel.
-¿Qué?- se sorprendió la amiga. -¿Pero con quién?-.
-Si te lo digo no te lo vas a creer.
-Prueba a ver.
-Con su teléfono móvil.
-Venga ya. Me estás gastando una broma.
-Es totalmente cierto. No hablamos nada. Cada vez que estamos juntos lo único que hace es consultar el WhatsApp o las redes sociales y chatear con los amigos.
-Le dije que echaba de menos sus conversaciones y me ha terminado por dejar.
Dejando la anécdota amorosa aparte…En otra de las mesas algo similar sucedía. Un grupo de cinco chavales manejaban absortos sus celulares como si les fuera la vida en ello. Los refrescos encima de la mesa esperando a ser consumidos, rodeados de un silencio sepulcral.
¿Qué narices estamos haciendo? ¿Estamos perdiendo el norte y la realidad de las cosas? ¿Son solo ellos o hemos sido los de nuestra generación los culpables de que no sepan escoger lo que en realidad les conviene?
El gran problema del excesivo uso de la tecnología corrompe a los de cualquier edad, pero este artículo va dirigido a su influencia en nuestra juventud, ya que es la que más tiene que perder por ello.
Estoy convencido de que muchos de nuestros adolescentes tienen las ideas muy claras, son grandes trabajadores y están muy preparados para la sociedad increíblemente competitiva en la que estamos inmersos. Pero hay otros muchos, por desgracia, que se amparan en la crisis y en las dificultades laborales, que nadie niega que existan, para realizar una vida parasitaria que solo les lleva a pensar en sus derechos pero nunca en sus deberes.
También hace treinta cinco años el país sufría un paro del 24%, en otros aspectos como la libertad de expresión o comunicación entre generaciones eran tiempos mucho más complejos y a pesar de ello con esfuerzo, empeño y con la palabra “rendir” fuera de nuestro vocabulario, muchos consiguieron forjarse una vida digna.
Pero volviendo al mal uso de las nuevas tecnologías.
Estas están a nuestra disposición para facilitarnos la vida y nadie puede ir en contra de los avances tecnológicos, pero está en nuestra razón, en nuestro saber hacer, en nuestra capacidad de poder discernir entre lo bueno y lo malo o en nuestra cordura, el que las usemos de la mejor forma posible.
Sin embargo estamos haciendo todo lo contrario. Nos dejamos de relacionar, son la justificación perfecta para evadirnos en ocasiones de dar la cara en momentos donde sería necesaria nuestra presencia, paralizan una buena conversación familiar a la hora de la cena, son la vía de engaño de citas a ciegas con el peligro que ello supone, son herramienta asesina del conductor irresponsable y sin escrúpulos que utiliza su móvil mientras va a ciento cuarenta kilómetros por hora, o pueden llegar a ser motivo de suicidio cuando algunos van sumidos y cautivados por su pantalla repleta de iconos mientras cruzan un paso de peatones con el muñequito en rojo.
Por eso tenemos que educar mejor a nuestros jóvenes en ciertas prácticas si vemos que por ellos mismos no son capaces de corregir un rumbo que se sabe erróneo.
Que abandonen de una vez por todas tanta aparatología y que se dediquen a descubrir lo que puede llegar a enriquecerles una buena tertulia con los amigos. Se darán cuenta de la abismal diferencia que existe entre observar la pantalla de un móvil o mirar directamente a los ojos de tu interlocutor. Incluso con un poco de suerte hasta se pueden llegar a enamorar.

EL PODER

¿Qué tiene el poder que tanto corrompe? ¿Qué tendrá el dominio y la autoridad que algunos se “orgasmean” cuando su culo a buen recaudo lo sienten? Qué barata se vende la dignidad últimamente, creía que lo importante era defender el interés del pueblo español en general, y no solo el de aquellos que denominan “la gente”, palabra que al parecer está monopolizada por unos pocos intransigentes.
Estaba convencido que todos los votos son iguales, que todos somos pueblo. No entiendo los insultos de esos que tanto mienten. Hay una cosa que les hace común a todos, y es que hoy dirán una cosa y mañana otra diferente. Todo esto ya cansa. Lo importante es que se gestione bien, que se gaste consecuentemente y que más pronto que tarde esto arranque, no vaya a ser que se demuestre que todo funciona mejor sin los políticos de siempre.

“Chiquilicuatres de pañal corto”

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid como pronuncia el dicho, querría rentabilizar las últimas opiniones de algunos personajes de gran renombre de la cultura y el periodismo, con respecto a la mediocridad que hoy en día nos rodea.
Siempre he pensado que la citada mezquindad o la anodina preparación van unidas a un deseo irrefrenable de poder, y a querer crecer en lo social y político demasiado rápido.
Como es lógico la juventud y la frescura de sus ideas tiene su valor, valor que debe de ayudar a sumar y ser un complemento, pero ello no puede sustituir en ningún caso a la experiencia y sabiduría que solo los años dan.
Ya hace treinta años que importamos del mundo anglosajón la cultura del crecimiento rápido a cualquier precio y donde a partir de los cincuenta ya no vales para nada, y eso supone que en muchos casos estemos desaprovechando los mejores conocimientos y el saber experto de la madurez. Tenemos una población cada vez más longeva, y eso no solo significa que se viva más años, sino que se envejece en mejores condiciones. Un servidor tiene cincuenta y tres años y ahora más que nunca me doy cuenta de lo mucho que me queda por aprender de nuestros mayores. Mayores a los que se les falta el respeto, y de los que la sociedad no se sabe aprovechar como es debido. Se les aparta y les dejamos entre bambalinas cuando en realidad tendrían que salir al escenario como protagonistas principales. Sin embargo tenemos a políticos “chiquilicuatres de pañal corto” con muchas ganas de protagonismo, pero nada más. ¿Por qué ir tan rápido? La vida da para mucho y no es necesario correr. La preparación no tiene límites y necesitamos de un aprendizaje continuo. Pedir ayuda y consejo no significa que nos humillemos o dejemos al aire nuestra ineptitud, significa humildad e inteligencia. Ahora, en estos momentos de incertidumbre social y política, es cuando más necesitamos de expertos, de expertos de la vida. Para resumir. Soy muy amigo de las citas y viene a colación mi preferida. Como decía Baltasar Gracián “el primer paso de la ignorancia es presumir de saber”

“TODOS Y TODAS”

¿Cuándo van a dejar de masacrar el lenguaje nuestros oradores? ¿Estarán de acuerdo conmigo los lectores en que ya estamos hartos de escuchar “todos y todas”, “ciudadanos y ciudadanas”, muchos y muchas, etc.? La Real Academia de la Lengua Española dice bien claro que el plural masculino implica hablar de ambos géneros, por lo que cuando alguien se dirige al público no es necesario, ni ante todo correcto, usar tal expresión.
No se debe de mezclar el uso correcto del lenguaje con la política, ya que dicha forma de hablar lleva consigo el mero afán de demostrar una intención sexista ya algo pasada de moda. Creo que la mujer es mucho más y está por encima de todo eso, y no creo que se sienta más comprendida porque el género femenino se reitere en cada frase, haciendo un mal uso del rico idioma de Cervantes. Lo importante es que se defiendan sus derechos y se la proteja de la brutal lacra de donde el género es importante de verdad, el de la violencia.
Pero ya no solo es el masculino sino el mal uso de ciertos femeninos. Para no aburrir demasiado un simple ejemplo.
El participio activo del verbo ser, es ente. Que tiene entidad. Por lo tanto, para nombrar a una persona que tiene la capacidad de ejercer la acción que define el verbo, añadimos ente. La persona que preside “presidente”, no presidenta.
Que los políticos se escuchen menos a sí mismos, que adornen menos sus palabras y que vayan al fondo de la cuestión, ya que la forma la destrozan.

“Estimado sr. Presidente y presidenta. Estimados y estimadas, todos y todas, ciudadanos y ciudadanas: creemos que vosotros y vosotras podéis ser mejores y mejoras. Necesitamos que seáis pacientes y pacientas con aquellos y aquellas, sobre todo adolescentes y adolescentas, estudiantes y estudiantas que desean aprender de nuestros mayores/as”.

Un saludo/saluda

TREMENDA DECEPCIÓN

Después de escuchar a los políticos estas últimas semanas, solo puedo decir que siento una tremenda decepción del nivel de la mayoría. ¿Se creen que somos estúpidos? Se contradicen todos los días. Si dicen hoy una cosa mañana es la contraria, y ni aun mostrándoles sus propias palabras son capaces de reconocer el engaño. Se aferran con tanta fuerza a sus puestos que les da exactamente igual si se llevan al país por delante. Se escuchan a sí mismos y es el ego quien les domina. Empiezo a estar cansado de tanta falsedad y la apatía comienza a adueñarse de la ilusión. A mi entender solo se salvan unos pocos, y me refiero tanto a conservadores como socialdemócratas que hablan con claridad, pero que al parecer no tienen la fuerza suficiente como para hacer entrar en razón a unos jóvenes sin experiencia y que convencen exclusivamente por su facilidad de palabra y su léxico fluido.
Se llenan la boca diciendo que actúan pensando en España pero es mentira.
Un servidor, como otros muchos me imagino e independientemente de la ideología, y en estos casos de vacío de poder, solo desea que se gestionen bien los recursos, que los corruptos terminen en la cárcel, que disminuya el paro, que se modifique la ley electoral, etc.
Si esto sigue así que nos gestionen tecnócratas e independientes durante un año, aunque existe el peligro de que funcione y muchos políticos terminen en la cola del paro.

OTRO DÍA MÁS (16.01.2016)

Hoy, otro día más, nos han mostrado unas descarnadas y crudas imágenes de la realidad de la inmigración, de un éxodo humano que se ve obligado a huir de la brutalidad y barbarie intransigente de unos locos sin escrúpulos. Otro día más de una tragedia que no tiene fin y a la que los responsables mundiales parecen hacer oídos sordos. ¿Pero son solo ellos los culpables? Reconozco que cada vez que lo veo me corroe por dentro una intranquilidad moral difícil de explicar. Me remuerde la conciencia pensando en lo que podríamos hacer y no hacemos. En esta ocasión me ha costado más visualizar las imágenes. No era capaz de tomar ni una cucharada más de la deliciosa sopa que tenía delante, mientras observaba a los dos niños calados y llorando sin parar.

Un anciano se aferraba a la vida agarrándose con las pocas fuerzas que le quedaban a un salvavidas, mientras el bombero que se había lanzado al gélido agua, lo empujaba hacia la lancha hinchable con el brazo que tenía libre, pues con en el otro impedía que un pequeño se fuera a las profundidades, lo más seguro ya repletas de otros muchos que no lo consiguieron. No hay manos suficientes para tanto desafío, y lo peor de todo es que nuestros ojos se están acostumbrando a ver tal espectáculo sin soltar ni una sola lágrima.

Otro día más para sumar muertos a la lista de la desesperanza. Lista de un infortunio que sucumbe ante la mirada esquiva y cómplice de la mayoría. La escena era dantesca, desgarradora. En esos momentos hubiera deseado atravesar la pantalla del televisor y abrazar con todas mis fuerzas a otras dos criaturas que acababan de salvarse de una muerte segura.

Una niña soltaba su primera sonrisa mientras su rostro seguía tiritando sin parar junto a su hermano de dos años. Ambos estaban empapados hasta los huesos pero a salvo. En esta ocasión han logrado evitar pasar a ser parte de la extensa lista de cadáveres que yacen en el fondo del mar. Los padres, no sin dificultad, subieron después de ellos a la barcaza, y aunque las fuerzas les flaqueaban hasta para abrazarlos, consiguieron apartarlos a un lado y darles calor con la intención, primordialmente, de que los niños no se percataran de los quince cadáveres que estaban a sus espaldas cubiertos con mantas y con los que iban a tener que convivir la corta travesía que les quedaba.

Se han salvado cincuenta y solo han muerto quince. ¿Solo quince? Las cifras ya no nos sorprenden. Es un dato más, de otro día más.

ESPERPENTO POLÍTICO.

No querría extenderme demasiado en el espectáculo esperpéntico vivido ayer en el inicio del curso político de la Cámara Baja y en lo que muchos denominan como la entrada en el hemiciclo de “la gente del cambio”, pero no puedo evitar expulsar algunas sensaciones que me corroen por dentro y que debo compartir.
Si querían llamar la atención del espectador del nuevo circo que nos espera, eso lo han conseguido, no hay ninguna duda. Pero por favor, cuando el “Mesías” Pablo Iglesias dice que representa a la gente de bien del pueblo español porque han conseguido entrar en el congreso las rastas y las mochilas, tiene que hacérselo mirar. Que se dejen ya de demagogia barata y de manipular a través de actuaciones de marketing teatral. ¿Y lo del niño? ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Qué hace la diputada con su bebé cuando va a los platós de TV? ¿Cuándo una cirujana esté operando se podrá llevar al niño e interrumpir la intervención mientras le da de mamar? ¿Qué será lo siguiente, llevarse el parchís o el dominó? ¿Convertimos el hemiciclo, lugar donde se toman las principales decisiones del país, en una guardería? Solo se pide un poco de respeto a las normas básicas de actuación y que no se sirvan de la imagen de una criatura para la foto de un postureo grotesco. Que defiendan sus programas e ideales, tan respetables como los de cualquiera, pero que dejen el aire de superioridad a un lado y no lo estropeen con un proceder un tanto risible y caricaturesco más propio de mentes ensortijadas. Que será lo próximo…

Todos se merecen nuestras lágrimas

Qué pena que solo nos demos cuenta de las desgracias y del terror cuando lo padecemos de cerca, cuando nos tocan la fibra europeísta. Reconozco que cuando los radicales deciden atentar dentro y cerca de nuestras fronteras nos brota la solidaridad, y eso es ejemplo de bondad y de entendimiento con el sufrimiento del prójimo. Cuando estos días he visto cantar la marsellesa en todo el mundo, me he emocionado y me he sentido orgulloso de ser como somos. Es ahora, con los 132 muertos, cuando nos rasgamos las vestiduras y todos los responsables mundiales se reúnen para actuar. Pero ¿Qué pasa con los miles de muertos de otros lugares del mundo con los que nos desayunamos casi todos los días en las noticias y que al parecer se han convertido simplemente en un apartado más del noticiario de turno? Conflicto israelí (52.000 muertos), Somalia (500.000), Pakistán (56.000), Nigeria (15.000) Guerra civil en Siria (320.000), Libia, Ucrania, etc.
Ya nos hemos acostumbrado y estamos vacunados ante la barbarie. Nuestros ojos ya no se apartan cuando ven a niños y mujeres ensangrentados desparramados por el suelo. Y me siento culpable por ello. Soy algo escéptico y tengo grandes dudas de que los responsables se pongan de acuerdo, ya que hay demasiados intereses económicos en juego, pero quiero extender mi dolor, y que las lágrimas y el recuerdo de estos días se extienda para todas aquellas personas que son víctimas de la injusticia y las sinrazón humana.

Atentado terrorista de Francia 13.11.2015

Mi más sentido pésame por el atentado terrorista de nuestro país vecino. La barbarie y la sinrazón vuelven a apoderarse de la gente de bien. Ninguno está exento de la tremenda dosis de locura de unos fanáticos dispuestos a todo, que actúan en nombre de un Dios prefabricado a su interés y creyendo que por inmolarse tienen ganada la tierra prometida. Tenemos muy difícil la batalla, pero tenemos que seguir extendiendo la concordia entre los pueblos civilizados, pedir por las víctimas y ante todo no utilizar este tipo de atentados en la coreografía política.

Despedida a nuestros mayores.

Desde hace tres años la muerte quiere amargarnos la existencia. Todos los años se lleva a alguien querido y pone a prueba nuestra resistencia ante lo único de la vida que nadie es capaz de evitar. Solo nos queda recordar con cariño a los que por destino se tienen que marchar y pedirles que desde donde estén nos ayuden a soportar con dignidad su ausencia. Que su paso por este mundo no quede en el abandono y que su pérdida nos sirva para aprovechar al máximo el tiempo con aquellos que desean de nuestra compañía. Y con aquellos que se están despidiendo, y más sin son de avanzada edad y con su vida exprimida al máximo, por favor, tengamos la paciencia que se merecen, no les gritemos porque no hacen lo que queremos, respetémosles como seres humanos pues algún día nos veremos en su misma situación, y sobre todo hagámosles los últimos días de su vida los más felices y sosegados posibles.
Cuidemos a nuestros mayores y démosles todo el afecto y amor que se merecen.

QUEJA “vaya ejemplo  de dirección”

¡Qué vergüenza! Hoy he podido presenciar un espectáculo impresentable en el restaurante Panorama en el puerto de Valencia que quiero denunciar.

Unos tremendos gritos, improperios, golpes en las paredes y trato vejatorio a los empleados por parte del responsable del local, nunca vistos por un servidor a pesar de mi veterana experiencia. Si seguiré disfrutando del lugar será gracias al buen trato de los empleados y su simpatía. Si fuera por ese “personaje” nunca lo volvería a pisar.

HIPOCRESÍA

Lo siento, pero no he podido soportar la gran hipocresía de tanto mensaje televisivo para hablarnos de los objetivos del 2013. Ahora a todos los dirigentes políticos les encanta pasearse delante de las cámaras y sentirse por unos momentos poderosos reyes de sus pequeños reinos. Cuanta tontería. Unos ya dan por hecho (sin haberse producido el referéndum) una independencia de su “país” faltando al respeto de todos aquellos que no la desean y otro, por cierto ya conocido por todos y de la zona centro, se permite el lujo de amedrentar y chantajear al ciudadano con palabras fuera de tono referentes a la sanidad pública. Cada vez me siento más decepcionado de la calidad de estos impresentables.
Por eso hay que vigilar una enfermedad nueva y peligrosa que todos debemos evitar. Los síntomas son los siguientes: cuello más erguido de lo normal, voz engolada, prepotencia, pavoneo al andar y ansia de poder para tapar complejos personales. Es “politicósis”, enfermedad rara solo tratada en la privada por su excesivo coste. Existe peligro de contagio. Las personas que no se dejan engañar se les “hinchan los huevos”.

01.01.2013

REFLEXIÓN

“Pase lo que pase en nuestras vidas cada cinco minutos y por duro que sea, comparémoslo con el entorno, seguro que siempre hay algo positivo en donde poder apoyarnos y por lo que salir fortalecidos. Nos lo proponemos en multitud de ocasiones pero no conseguimos llevarlo a la práctica. Potenciemos lo positivo e intentemos dejar a un lado toda negatividad absurda que nos pueda llevar al fracaso”.


¡Vaya calidad de nuestros políticos!

“Me produce una tremenda decepción ver como la calidad y profesionalidad de nuestros políticos va denigrándose cada día que pasa, demostrándose una vez más, que salvo pequeñas excepciones, sus únicas pretensiones son el ansia de poder y mantener sus culos a buen recaudo. Se les tenía que caer la cara de vergüenza.

Inversiones injustificables, sueldos astronómicos, corrupción, gastos innecesarios y fuera de lugar, ayudas a todos menos a aquellos que en realidad lo necesitan. Llevar al engaño a muchos con una independencia enmascarada e información manipulada, mientras se cierran centros de discapacitados o ancianos. No nos dejemos engañar. Somos un país maduro que hemos sabido aprender de nuestros propios errores

¿No se dan cuenta de que están poniendo en juego décadas de lucha democrática?

El “pueblo” no es tan tonto como ellos creen y no es bueno llevarle al límite. No todas las generaciones saben apreciar y son conscientes de lo que cuesta conseguir una vida en democracia, así como de la importancia de nuestra Carta Magna. Son éstas generaciones las que por falta de trabajo, incertidumbre constante y un futuro incierto que les hace vivir sin una estabilidad económica, y ante todo emocional, las que pueden encender la mecha sabiendo que no tienen nada que perder.

A pesar de tener que aguantar a una generación de políticos poco preparados y faltos de los principales valores, actuemos en todo lo posible con honestidad para no caer en sus mismas deficiencias. Peleemos con ética y con la principal intención de dejar a nuestros hijos un mundo cada vez mejor, con más posibilidades y sabiendo que el único camino para lograrlo es a través del esfuerzo”.


PRÓLOGO PARA EL X CONCURSO LITERARIO DEL COLEGIO HELIOS

Es un verdadero privilegio poder participar en el prólogo de ésta décima publicación del Concurso Literario del Colegio Helios, y más en el año que se conmemora su 25 aniversario.

Ante todo, y como padre de una antigua alumna, me siento tremendamente satisfecho de haber contado con la labor educativa del profesorado de dicha institución en el crecimiento moral y personal de mi hija Bárbara, en unos años de su vida donde los valores de amistad, compañerismo y respeto se hacen imprescindibles.

Además de haber trabajado casi durante treinta años en una multinacional líder en comunicación digital y escrita, experta en todo lo referente al Documento y debido a que ejerzo como escritor desde el año 2008, creo entender lo importante que es la lectura y escritura, principalmente en los jóvenes que algún día tendrán que liderar nuestro futuro.

La lectura enriquece la formación e incrementa el conocimiento, bases primordiales para todo aquel que desee aportar algo a la sociedad y, sobre todo, a sí mismo. Por eso la importancia de la comunicación escrita.

No solo es poder transcribir generación tras generación nuestra cultura, ideas y sabiduría bajo unas normas lingüísticas. Es más que todo eso, es poder transmitir sentimientos.

Ternura, compasión, dolor, alegría, delicadeza, pasión. Multitud de sensaciones solo descriptibles sin errores cuando se utiliza la representación ortográfica, ya que “las palabras se las lleva el viento”.

Por eso, mis más sincera felicitación a los artífices de este proyecto. Es muy probable, que ni ellos sean conscientes de lo que están aportando a muchos, niños, jóvenes y no tan jóvenes, al darles la oportunidad de expresar en unas cuantas líneas algo de sí mismos.

Lo digo por experiencia personal. A mí la escritura, a pesar de los años, me ha dado una segunda oportunidad.

La escritura sirve para completar, a través de reflexiones y pensamientos, el campo del desarrollo cognitivo individual y colectivo.

Estoy plenamente convencido, que entre todos los que participan en esta publicación, hay futuros escritores que serán capaces de hacer reír, llorar e ilusionarán con lo que escriban.

Antes de terminar con estas breves palabras, volver a destacar la labor de un colegio como el Helios, por ser un buen ejemplo de enseñanza al saber que el cariño por sus alumnos y las buenas formas, no están reñidas con la exigencia y la disciplina.

He tenido la oportunidad de dar diversas charlas en diferentes colegios y he notado una gran diferencia en la actitud y comportamiento de los alumnos del citado Colegio. Sobre todo en unos tiempos donde la información recibida por parte de numerosos expertos de fuera de nuestras fronteras, describe a la enseñanza española como una de las de peor nivel de los últimos años.

Los alumnos de ESO del prestigioso Colegio eran atentos, disciplinados, educados, y respetuosos en todo momento con el ponente, lo que hizo sentirme orgulloso de mucha de nuestra juventud, algo que nunca podré decir de otros institutos, donde los gritos, insultos y falta de respeto a sus superiores era la tónica general.

A lo mejor les pillé a los alumnos del Helios en el día de “El Santo” y daban algún premio que yo no supiera. Pero, sinceramente y bromas aparte, no creo que fuera así. Su comportamiento era el habitual de todos los días. De ahí la importancia de los que todavía son capaces de transmitir unos valores educativos que sirven para preparar a nuestra juventud para un futuro altamente competitivo. Una docencia increíblemente ardua y compleja, que no sirve para  nada, si no está coordinada, sincronizada y completada con la enseñanza dentro del vínculo familiar.

Pero esto es otro cantar.

Para no entrar en posibles controversias por diferencia de opinión, lo único que puedo decir en mi caso, es que deberíamos de utilizar con más frecuencia y esmero la comunicación con los responsables educativos de nuestros hijos. Todos nos equivocamos y siempre tenemos algo que aprender, pero si conseguimos que fluya la comunicación, es muy probable que minimicemos cualquier problema que surja, encontrando una solución satisfactoria en tiempo y forma.

Pero ante todo un consejo para todos. Siempre hay algo que aprender, por eso la necesidad y obligación de leer. Como bien decía Baltasar Gracián “El primer paso de la ignorancia es presumir de saber”.

¿QUÉ PASA?

Todo esta situación me empieza a dar un miedo terrible. Todos los días, cuando intento hablar o ponerme en contacto con algún amigo, tengo cierta precaución para interrogarle por su situación laboral. Hoy mismo sin ir más lejos, de tres llamadas realizadas, en dos de ellas habían perdido el puesto de trabajo por lo que he decidido no seguir descolgando el teléfono y dejarlo hasta la semana que viene.

¿Hasta dónde vamos a llegar?. Estoy jubilado y ni un servidor se encuentra exento de perder nivel adquisitivo o ser despedido de un trabajo que no disfruto.

Sinceramente les digo, que me da igual quien y de que partido sea quien nos gobierne, pero por favor, lo que si exijo como ciudadano es que sea profesional, ético y esté preparado para ejercer su labor, algo de lo que se carece en la actualidad. Que los políticos dejen de mirarse al ombligo y que no quieran mantener su sillón a costa de vender su moral. Que si uno no se siente capaz, como le puede ocurrir a cualquiera, que deje su lugar a otro.

No pasa nada por reconocer las limitaciones de uno mismo. Como bien pronuncia el dicho “uno asciende hasta que demuestra su incompetencia”. Pero eso si, no hay que asumir el fracaso antes de que sea demasiado tarde.

El orgullo es mal compañero de viaje y nos puede llevar al desastre, si no nos ha llevado ya.

Lo peor de todo es que los que quedan con ilusión, fuerzas y ganas para salir adelante sean contagiados por la ineficacia y negatividad de los que gobiernan. Todo tiene su límite y sin pretender caer en el abismo, cuando a uno le falta pan para llevarse a la boca, la capacidad de pensar o razonar con tranquilidad disminuye considerablemente.

Estoy seguro de cualquier forma, que podemos y debemos salir de esta complicada situación. Lo hemos demostrado a lo largo de la historia, pero ¡váyase Sr. Zapatero!, ¡váyase!

HOSPITALES

En esta ocasión he recibido el encargo, no reconozco cual es el motivo, de que dedique unas escuetas líneas a los hospitales.

Me pregunto porque a mí ¿será por mi larga experiencia con las citadas dependencias?, ¿será por que requieren de una expectativa desde el punto de vista del paciente?

Los edificios o residencias a los que me refiero proponen un gran contraste. Te puedes sentir el ser humano más abandonado en algunos momentos como el más protegido en otras. Todo depende del instante y, sobre todo, del trato recibido en cada caso.

Lo que está bastante claro y es muy significante, es que son las cuatro paredes que te suelen recibir en este mundo, y casi siempre las que te despiden, por lo que más vale no tenerles miedo y familiarizarse con sus aromas, colores, ruidos y ante todo con personal médico.

Sepamos primero de donde proviene el citado nombre de hospital.

Tal definición viene del latín hospes (huésped o visita) y el cual se derivó a hospitalia (casa para visitas foráneas). Posteriormente se transformó en hospital, denominación usada en la actualidad y cuyo principal objetivo es albergar y ofrecer auxilio a ancianos y enfermos.

Lo que me gestaría destacar en este artículo son las dos sensaciones vividas y a las que hecho mención unas líneas más arriba.

Muchos habrán vivido como un servidor, a no ser que siempre hayan disfrutado del servicio privado, la acumulación y el exceso de pacientes en las urgencias de los hospitales.

Cuando te encuentras en un pasillo de urgencias, acostado en tu cama, junto a otros enfermos esperando a que se te adjudique habitación, viendo pasar tanto a personal de la medicina como a visitantes esporádicos cuya misión es no separarse de su ser querido ni un instante, es cuando te sientes un simple estorbo que no ha hecho más que incordiar e incrementar un poco más la lista de ingresados del día.

Sin embargo y reconociendo la verdad, solo en una ocasión he sido víctima de tal error o sobrecarga enfermiza.

Peor se sentirían  en los primeros hospitales, cuando en el año 4000 a. C. ya se utilizaban los templos de los dioses para tal menester.

La sensación de tristeza y malestar se convierte en tranquilidad y sosiego cuando te dan habitación.

Pero no hace falta retroceder mucho en el tiempo para darnos cuenta de los avances, no solo de la medicina, sino de las condiciones estructurales que rodean al cuidado médico.

Desde bien joven, es decir hace 33 años donde pude estar ingresado en un hospital militar y en cuya nave nos encontrábamos 30 pacientes hasta la actualidad, se han producido innumerables mejoras sanitarias.

En aquel entonces subía con creces las probabilidades de ver alguna atrocidad entre tanto enfermo, y más cuando se encontraban mezcladas todo tipo de dolencias. Ya tuve la oportunidad de narrar en mi primer libro como un enfermo mental instalado en la cama opuesta intentaba cortarse las venas sin reparo alguno.

A los hospitales les rodean todo tipo de historias.

Hubo momentos donde se separaban a Señores feudales, esclavos y campesinos pobres (14 a. C.), se han utilizado con fines militares, etc. Pero lo que sí han tenido en común a lo largo de su historia es su función benéfica.

Una de las decisiones más importantes, dentro de esta breve historia del hospital, fue la tomada a finales del siglo XIX, cuando se decidió separar a enfermos mentales y tuberculosos del resto ¡y nos quejamos!

No sería fácil estar operado de la columna y mientras tener que convivir con un enfermo mental. Y no me refiero a enfermo mental ni mucho menos con desprecio.

Para algunos ya se ha convertido incluso en un segundo hogar por la frecuencia de sus visitas y la complejidad del tratamiento.

Podríamos estar hablando de los hospitales sin parar, tanto por las anécdotas que se suceden diariamente, como por la importancia que tienen en nuestras vidas. Pero lo que siempre he aconsejado a todo aquel que he podido, es que una breve visita de vez en cuando, solo para observar la suerte que poseen los que nunca los han pisado, es muy positivo para poner las cosas en sus sitio y nuestros valores en orden.

Y sobre todo siempre gracias a todas aquellas personas de la medicina que ejercen su trabajo con total profesionalidad y que dan todos los días el cariño y cuidado que nadie más sería capaz de dar en su lugar.

He visto ancianos abandonados a su suerte los últimos días de su existencia por algún descendiente sin escrúpulos, y han sido una buena enfermera o auxiliar, las que con su simpatía y buen hacer han endulzado una despedida anunciada.

Gracias de veras a todos ellos.

LA PRIMERA EN LA FRENTE

Primera sorpresa para mi amigo. Todo era demasiado bonito y perfecto.

Cuando se las daba de satisfecho y esperanzado de no preocuparse durante un tiempo sobre la dosis y pauta a seguir con la medicación, ha recibido una llamada del hospital para comunicarle, de que debido al retraso en la remisión del medicamento, tiene que retrasarse un par de días la dosis correspondiente.

De nuevo han aparecido los fantasmas de la sospecha y no puede dejar de pensar en que algo irregular se mueve detrás de todo el asunto. Está dispuesto ha tener toda la paciencia del mundo pero todo y todas las personas tienen su límite.

Dejaremos pasar el primer contratiempo pensando que ha sido fruto de la casualidad y daremos otra oportunidad al futuro para poner las cosas en su sitio.

Si no es así,  contaremos e investigaremos sobre lo sucedido.

PRIMER DÍA SIN NOVEDAD

Mi querido amigo ha comenzado el tratamiento sin novedad. Muy esperanzado y tranquilo ha sido tratado estupendamente por todo el equipo médico de La Fe.

La dosis parece ser la correcta y de ahora en adelante se le va a suministar Fabrazyme por vía intravenosa cada quince días durante el resto de su vida. Está contento, con una meta y un procolo a seguir que le hace ver después de dos años el final del tunel. Por ahora, tras las cuatro primeras horas de tratamiento no han aparecido contraindicaciones, las cuales podrían aparecer según los especialistas a partir de la quinta sesión. Esperemos que no sea así.

Sin embargo ha echado de menos a su compañera habitual.

Como siempre le deseo lo mejor.

ESPERANZA Y MIEDO

Un amigo muy cercano comienza en breve un nuevo tratamiento por el cual lleva luchando dos años, con la esperanza de que sea la solución definitiva a una enfermedad rara que padece y que le hace llevar una vida llena de dolor.

Después de dos años de pruebas y más pruebas consiguieron descubrirle la patología rara, pero aun así la misma ha ido avanzando sin remedio.

Pero la esperanza es lo último que se pierde y por fin comienza, no sin miedo, un tratamiento muy costoso y que habitualmente no se da a personas de su edad.

Lleva con morfina diaria desde hace cuatro meses y ni eso es suficiente para calmarle el sufrimiento. Con perdón de la expresión está hasta los coj….

La ilusión no la pierde, pero no puede dejar de pensar en lo que le han comunicado los médicos.

Parece ser que le van a suministrar menos dosis de la que necesita por problemas en el suministro de tan costoso medicamento. Y, que quieren que les diga. No me lo creo.

Todos, o por lo menos el que aquí escribe, tenemos conocidos en el mundo farmacéutico, y a nadie se le escapa que es una cuestión monetaria.

No hay dinero y eso se está notando últimamente en el mundo sanitario. No se quieren gastar dinero y no es el primero ni será el último que sufra las consecuencias. Eso es lo que se pregunta todos los días, ¿qué pasa si no recibo la dosis que necesito?, ¿hasta dónde puede avanzar esta mierda de enfermedad?

Está desesperado y necesita, además de esperanza, confianza en que se realiza lo correcto. Tiene un equipo médico estupendo, que ha peleado y pelea todos los días, y sin embargo algo le corroe y le dice por dentro que está siendo engañado por las altas esferas de la burocracia. No se fía y está dispuesto a hacer lo que sea para intentar llevar una vida digna que le permita ser un poco más feliz. Solo quiere que le quiten el dolor, ¿es pedir demasiado?

Es consciente que ya no se puede ir hacia atrás, e incluso que la enfermedad podría seguir avanzando. Lo único que desea es no sufrir y no ver sufrir a su vez a los que le rodean.

Podría contar más de un caso mucho peor que el que aquí se narra, pero me había prometido que esta publicación estaría dedicada a hacer pasar un buen rato al lector. También que sería una recopilación de artículos de opinión, sobre todo divertidos y con sorna. Pero le debía el favor y le prometí que denunciaría, aunque fuera desde estas humildes páginas, lo que muchos saben pero no se atreven a contar.

Detrás de la vida que todos conocemos, alegre, sana, plena de fiestas y divertimentos, existe otra donde muchas personas pelean todos los días por pasar las horas con dignidad. No hay nada como darse una vuelta por el Hospital de Día de La Fe, para darse cuenta de lo afortunados que somos.

Pero muchos no tienen los medios ni las ganas para reclamar lo que les corresponde, y son engañados en numerosas ocasiones, en cuanto a tratamiento se refiere.

Creemos que nunca no va a tocar y que las enfermedades raras están destinadas a otros. Eso es lo que pensaba mi mejor amigo hace dos años, cuando disfrutaba de plena salud y jugaba con las olas del mar como si tuviera doce años a sus cuarenta y seis.

Pero lo que si tiene y por ahora no pierde, es el humor y las ganas de luchar con y contra quien sea necesario.

Tiene a muchos amigos, entre ellos un servidor, que estamos dispuestos junto a él, a denunciar todo aquello que se salga de los cauces normales y éticos de comportamiento médico, y sin perder nunca las formas, solicitaremos a las entidades sanitarias o jurídicas todo aquello que se necesite para mejorar, y sobre todo evitar, casos similares en el futuro.

Desde aquí le deseo todo lo mejor y que no se rinda ante nada.

ADOLESCENCIA

Hace relativamente poco tiempo, más pasará cuando el lector disfrute del presente documento, tuve el honor de dar una breve charla sobre mi corta vida literaria en un instituto de enseñanza secundaria, de todos conocido como IES, a alumnos que quisieran participar en actividades extraescolares antes de beneficiarse de las vacaciones  de Semana Santa. No fue muy numerosa la asistencia ya que los chavales preferían invertir su tiempo en pasatiempos más fructíferos, como montar en monopatín, echar unas carreras, fumarse alguna sustancia nociva o intentar ligar con alguna jovencita, objetivo para el cual estaban faltos de tiempo en horario normal.

Pero no es esta mi crítica, ya que me imagino yo hubiera hecho lo mismo a su edad.

Aun así, la sala, con un veinticinco por ciento de asistencia, se dispuso con todo interés, forzado en cierto modo por la autoridad del profesorado, a escuchar a un servidor en todo aquello que les pudiera transmitir y que les hiciera entender, asimilar y enriquecer en el bello mundo de la escritura.

No fue tarea fácil debido al gallinero y vocerío que se escuchaba al otro lado de la puerta y que en más de una ocasión provocó el enfado y posterior reprimenda a los provocadores de tal algarabía por parte de la autoridad competente.

Poco a poco y entre pequeñas bromas y chistes relacionados con mis dos historias empezaron a sentirse interesados, y aún en voz baja por la timidez, se le pudo escapar al más extrovertido un interrogante que le rondaba por la cabeza. ¿Qué fue lo que le impulsó a escribir y como lo plasma en el papel?

Mientras unos se reían del compañero, otros disimulaban por vergüenza ajena desviando la mirada hacia otro lado.

-Pregunta muy interesante- le dije para gratificar su participación. -Comencé a escribir por una promesa y cuando tenía vuestra edad todo lo que sentía lo escribía sin más. Lo importante es que se escriba lo que sale del corazón.- le contesté. Antes de que el breve silencio se interrumpiera le devolví el interrogatorio -¿te gusta escribir? Ante el rostro dudoso del joven, una profesora demostrando unos buenos reflejos contestó – es al que más le gusta escribir de la clase. A lo que para terminar la pequeña motivación le dije – quien sabe, a lo mejor eres escritor el día de mañana.

Toda el aula se quedó en silencio, envidiosa y arrepintiéndose de no haber hecho cualquiera de ellos la pregunta. Dirigieron la mirada al compañero con más osadía y con un futuro repentino algo prometedor desde aquel instante.

Era muy complicado hacerles expresar sus dudas y el exceso de desinterés era la tónica general.

La mayoría estaban encerrados en sí mismos y echaban de menos los minutos de video-juegos de cada día.

Poderles describir como vivían sus padres, cuales eran sus juegos de niñez, el que no tenían una televisión en su cuarto, los valores de aquellos años – ¡Pero qué digo! ¿Valores? Si no saben lo que esa palabra significa.

La mayoría prestaba atención con cara de asombro y se preguntaba como habíamos sido capaces de crecer sin “la play” o con una sola televisión en casa.

La afición a la lectura brillaba por su ausencia y cuando se me ocurrió aconsejar que lo importante para su futuro, fuera el que fuera, era ponerse la obligación de leer por lo menos una hora al día, me miraron con cara de pocos amigos.

Se empezaron a animar cuando les dije que uno de los protagonistas de la novela era compañero suyo y que cualquiera de ellos podría ser a su vez, protagonista de algún libro el día de mañana. Ya se imaginaban presumiendo entre amigos.

Están en la peor etapa de la adolescencia. Donde se despiden de la niñez y tienen que comenzar a comportarse con cierta responsabilidad, y donde deben decidir qué camino seguir. Donde la influencia del entorno, la televisión y los compañeros pueden más que los buenos consejos familiares y sobre todo en una sociedad carente de valores  que les protege o antepone ante la falta de respeto hacia sus mayores y demasiado permisiva con los primeros síntomas de mala educación o delincuencia.

Pero ni mucho menos todo es negativo. Hay jóvenes extraordinarios que saben lo que quieren y que seguro tienen escondidos en su interior potencial suficiente para llegar donde deseen. Solo es cuestión de encontrar los medios de motivación que sean necesarios en cada caso.

Todos fuimos adolescentes alguna vez y nos saltamos, aunque fuera brevemente, las normas de conducta impuestas en nuestro entorno.

Aconsejo a todos los chavales que escriban, que lean, y como es lógico que jueguen. Que se dejen guiar por las personas que les quieren y que si alguno de ellos le da por la escritura, que lo haga con sentimiento y sin falsearse a sí mismo.

Hay muchos Cervantes ocultos y entre todos tenemos que hacer que salgan a la luz.

1 de abril de 2010

PRELUDIO FESTIVO

Sentado bajo los decorados arcos del mercado Colón de Valencia, se entrelazan los juegos de la chavalería del lugar con los acordes de la orquesta espontánea, encargada de amenizar el preludio oficial de “La Plantá” de Las Fallas. La muchedumbre reconoce su afinación con aplausos desinteresados como muestra del trabajo bien hecho. El sol se refleja por vez primera en los instrumentos de metal, esperando que la percusión inicie una nueva obra, en esta ocasión de Manuel de Falla, muy apropiado para el festejo y no solo por el apellido que lo acompaña. Los redobles se hacen dueños de la escena musical mientras el trombón de varas se acobarda esperando a que le llegue su turno.

Como conclusión una breve intervención del himno de Valencia realiza su entrada triunfal haciendo callar a la rumorología escuchada de fondo, no atenta por diversos motivos a tan hermoso arte auditivo.

Con los vellos de punta unos y la carne de gallina otros, rematan, a pesar de no ser hábiles del canto, la hermosa armonía de la ciudad con el ¡Visca Valencia, visca!

Son las iniciales pistas que dan a entender la aproximación del primer día de fiesta fallera. Fiesta nacional por excelencia, casi es más exacto  internacional, diría.

Las calles se engalanan y algunas en especial de millones de pequeñas bombillas, superando incluso a su más eterno rival, el Real de La Feria  Sevillana. Trozos de cartón piedra se acumulan en medio de las calzadas diciendo ¡aquí estoy yo!, ¡a los conductores que les den por saco! Cientos de carpas inician su montaje convirtiendo la ciudad en un laberinto circulatorio imprevisible, cubriendo provisionalmente de blanco el gris del pavimento y las primeras bandas de barrio dan sus primeros paseos a horas tempranas para endulzar con sus pasodobles los cabreos y enfados de los enemigos de la festividad.

Pero los falleros deben pensar “no quieres caldo, pues toma dos tazas”, pues lo más divertido es iniciar la mañana con una buena “despertá”. Petardo tras petardo son estampados contra el suelo hasta por el más diminuto chaval, y es el hacer el mayor ruido posible su afán.  Y doy fe que lo consigue, puesto que cuando he vivido en piso cerca de la ciudad, no he podido pegar ojo por la ya citada “despertá”.

Es lo bueno de lo que narro, estoy entusiasmado y esto no ha hecho nada más que empezar. Todavía tenemos por delante cuatro días de alegría, color, ofrenda, visitar todos los monumentos falleros que nuestros pies soporten y engordar unos cuantos kilos gracias a los churros, buñuelos y chocolate sitos en los puestos de cada esquina.

LA BUENA NOTICIA

Tras un año y medio de dura pelea, por fin hemo recibido la noticia que tanto hemos estado esperando. Ha sido un sueño. No me creo que haya llegado el momento.

En breve comenzarán a suministrarme la medicación, que en teoría, me tiene que solucionar todos los problemas actuales. Un farmaco que solo se fabrica en dos lugares del mundo, y que por su elevado coste, ha necesitado de la aprobación de diferentes estamentos de la sanidad.

Soy conejillo de indias con esta medicación en una persona de mi edad, y la primera vez que se trata en La Comunidad Valenciana.

Ahora deseamos que no haya ninguna contraindicación o reacción alérgica, y los dolores desaparezcan de una vez por todas para llevar una vida digna que me permita seguir escribiendo con total normalidad.

UN INVIERNO INTERMINABLE

La frase que más escucho en la actualidad es “hace un frío que pela” y no está ni mucho menos exenta de realismo. Llevamos varias semanas sin ver el sol tan hermoso del mediterráneo, por el que un día me vine a vivir a esta ciudad, y es el frío, la nieve, la lluvia y el viento lo que nos complica la vida cotidiana a muchos ciudadanos. Más si cabe a aquellos que padecemos algún tipo de enfermedad donde influyen los cambios bruscos de temperatura.

Si les soy sincero, llevo bastante tiempo sin salir como yo quisiera, y solo me faltaba esto para encerrarme aún más. Menos mal que la tecnología y este amado mundo literario es en muchos casos suficiente compañía. Además, ¿de qué nos podemos quejar cuando vemos todos los días la gran tragedia de Haití?. Por lo menos disfrutamos de un techo, calor y comodidades suficientes para llevar una vida digna que muchos quisieran.

EN COMPAÑÍA DE LOS AMIGOS

Hoy he vuelto a reencontrarme con ex compañeros de trabajo, y aunque la visita  ha sido algo breve por motivos de salud, siempre consigues absorver un poco de aire fresco y amistad en unos tiempos complejos donde se carece de dicho valor. Espero que el próximo miércoles las cosas sean distintas y esta dichosa enfermedad me permita por lo menos, no perder el contacto con el mundo exterior.