“Manolín ya es un hombre”, es la historia de cualquiera de nosotros. Una vida normal, para quien llegado los “cuarenta y tantos” quiera realizar un breve repaso a sus años de niñez y adolescencia en las décadas 60 y 70. Años entrañables para muchos de los lectores, en los que la palabra compartir, luchar o independencia tenían un sentido especial, donde el cariño, las cosas sencillas y los juegos de calle te hacían conseguir amigos para toda la vida, donde la palabra “valores” todavía tenía algún significado.

“El niño de los pies zambos” es el ejemplo, por desgracia, de lo que tienen que sufrir numerosas mujeres en la sociedad actual. María, su protagonista, lucha diariamente con los contratiempos que la vida le va imponiendo, con la principal motivación de salvaguardar a sus dos pequeños, que sufren el maltrato y el abandono de su padre.

PRÓLOGO DE “MANOLÍN YA ES UN HOMBRE”
Tengo 41 años. A tan “escasa” edad, bien  puedo decir que ya he vivido lo mío. Sé que no son muchos años, pero ¡que quieren qué les diga!, me siento mayor. Si me paro a pensar es como si los recuerdos pesaran sobre los hombros, en la espalda, en los pies…..en el alma. Pertenezco a una generación que vivió su infancia y adolescencia a caballo entre la muerte de un dictador – de cuyo nombre no quiero acordarme, que diría Cervantes – y el intento de Golpe de Estado de un tío con bigote y muy mala leche, por cierto.
Somos la generación RESPONSABLE, la que recibió de sus mayores los valores del trabajo duro, el esfuerzo, la seriedad. Una generación que soñaba con independizarse, irse de casa, trabajar y estudiar a la vez, casarse pronto, formar su propia familia, ahorrar cuanto se pudiera y encima, sin hacer daño a nadie, ni siquiera a una indefensa mosca porque “todos somos hijos de Dios” ¿Lo recuerdan?. Hoy a los hijos no los educamos igual. Está tan mal el mundo, tan lleno de chiflados peligrosos, que sólo nos preocupa que estén sanos y sean felices. Antes se buscaba la estabilidad, ahora, la aventura.
Somos la generación de la RAPIDEZ. Todo había que hacerlo pronto y rápido, no fuera cosa que se nos pasara el arroz. Rápido para saber lo que cuesta ganarse el plato caliente, rápido para formar una familia, rápido para aprender a guisar, a llevar una casa, a cuidar niños, a ser autosuficiente. Tan rápido hemos vivido, que ahora, en el ecuador de la vida cantamos a lo Julio Catedrales “ de tanto correr por la vida sin frenooooooo, me olvide de vivir”. Como Manuel, que también se olvidó de “vivir”.
Además del nombre, comparto con el autor una vida llena de responsabilidades, sacrificios, supervivencias y renuncias en busca de la “perfección”. Pero comparto más. Nos une la inocencia, la ternura y la nobleza de espíritu. Fuimos jóvenes y demasiado responsables, sí, pero también fuimos entrañables. Todo los teníamos por descubrir y lo hacíamos solos, sin la sobreprotección de ahora, sin que nadie nos diera más explicación que aquel lacónico “porque lo mando yo”.
Entiendo perfectamente a Manuel, que llegado a los cuarenta y pico ha decidido ponerse en paz consigo mismo y con sus recuerdos, dejando sobre el papel sus propias entrañas. Tal vez no reciba el Premio Planeta, quien sabe, pero en las hojas que siguen, el lector se conduce, sin darse cuenta, en su propia vida….. en sus propios recuerdos. La vida de Manuel es la de cualquiera de nosotros. Solo que él la cuenta, como pocos de nosotros sabría hacer.
Nadie diría que es un autor novel. Domina la exposición, el diálogo, la narración. Y encima lo hace con un lenguaje fresco, rápido, directo, introduciéndote en una lectura que te atrapa hasta el final. No es una novela porque no es ficción es, costumbrismo literario. La vida de un españolito de a pie, que sabe reflejar los usos y costumbres sociales sin analizarlos ni interpretarlos. Así, aúna la descripción, casi pictórica, de lo más externo de la vida cotidiana con su propia vida. Es también un diario o autobiografía deliciosa escrita en tercera persona. Ingenuidad, ternura y humor a partes iguales, mientras en el lector va anidando la idea de adoptar al tal Manolín, tan frágil y tan fuerte a la vez. Adorable totalmente.
Y a usted querido lector, yo solo le gano en una cosa; yo conozco a Manolín, y hace más de 20 años que lo adopté, como amigo.
Manuela Ríos ( Periodista )
PRÓLOGO DE “EL NIÑO DE LOS PIES ZAMBOS”

Emprendo la lectura de “El niño de los pies zambos”, el nuevo libro de Manuel Morera, Manolo, dispuesta a dejarme sorprender por una historia muy distinta a la que acogía su anterior título “Manolín ya es un hombre”, como me había vaticinado su autor. En efecto, hemos abandonado a “Manolín”, cuya biografía queda aparcada en un momento crucial de su existencia, ése en que se empiezan a asumir responsabilidades, al tiempo que la diversión deja de encontrarse entre los parámetros que guían la vida. Con los años intentaremos corregir ese exceso de seriedad, con la pretensión de recuperar atisbos de esa alegría que acompaña a la despreocupación y de reconocernos en lo que fuimos.
Y, como en un tango, capaz de revelar en unas pocas estrofas la inmensa tragedia de una vida, las primeras líneas del texto nos sumergen en la historia de María, y nos dan todas las claves que tejen la trama.  La de María es una historia cotidiana y ella, la humilde heroína de una vida corriente, que su narrador ensalza sin ambages, pues éste no se mantiene ajeno a la historia, en una presentación aséptica, sino que penetra en su pensamiento y describe sus emociones, al tiempo que enaltece su fortaleza y coraje. Dentro y fuera, al mismo tiempo, el narrador no puede ocultar la devoción que siente por su personaje. Y con ello, tiñe de afectuoso subjetivismo una historia que, de otro modo, sería una mera crónica. La historia se centra una etapa de la vida de María marcada por la gestación del segundo de sus hijos, que da título al libro, y la abrupta separación del matrimonio dos años después, y jalonada siempre por los avatares del crecimiento de ese niño que constituye el leitmotiv de la vida de la protagonista y de la obra.
María encuentra la salvación porque tiene un proyecto de vida, sus hijos; por ellos se crece en las dificultades, que la vida no le ha ahorrado. Un marido, retratado sin el menor afecto aunque sí con cierta compasión, que se encuentra en un momento de su vida de caída libre, resbalando por la pendiente del alcohol, sin ningún tipo de asidero, y extrañamente dependiente de una madre y unos amigos que coadyuvan a encaminarlo al desastre. Cuando conocemos a María, él ya no es sino un lastre molesto en su vida, que puntualmente y siempre inoportuno, hace su aparición, y aunque María se nos muestra fría e insensible, indiferente hacia el hombre, él consigue llegar a ella e introducir la congoja en esa mujer, que lo siente como un extraño. No hiere a María el alejamiento del esposo, no hay nostalgia del amor, pero sí profundo dolor por el desafecto hacia los hijos. Y así, no existe perdón cuando advierte el miedo en los ojos de su hijo mayor y cuando comprueba que aquél que debía compartir con ella las alegrías y las penas, se avergüenza de ese niño de pies zambos, y se pregunta cómo es posible ese sentimiento. Pero desgraciadamente, no es insólito. Me viene a la memoria otra lectura, “Ena”, donde aquélla escocesa que vino a gobernar a los españoles, pues la pretensión de la monarquía no se limitaba en aquélla época a reinar,  se dolía de que su esposo, Alfonso XIII, sintiese vergüenza de su “pequeño batallón de lisiados”, como ella los llamaba, y los mantenía alejados de sí, limitando la relación paterno-filial a esporádicas visitas al cuarto de juegos.
Quizás no sean éstas las reflexiones que esperaba Manolo de mí, cuando me ofreció prologar su libro, reflexiones más propias de una lectora aficionada que de una jurista, pero que me han dado la oportunidad de escapar de los caminos por los que diariamente transita mi escritura. Puedo decir, sin embargo, que celebro y me enorgullece la imagen que proyecta del juez, en este caso una mujer, que resuelve la situación familiar de María, podría tratarse de una juez de familia o de violencia sobre la mujer, y que, contrariamente a lo que se piensa, no es fantástica sino real y cotidiana, pues me consta que mis compañeros de oficio, salvo deshonrosas excepciones, abordan estos temas, y particularmente aquéllos que tienen a los menores como víctimas directas o colaterales, con sensibilidad y tacto exquisitos, y que pese a sentirnos abrumados y desbordados con la cantidad de asuntos que debemos resolver, nunca tenemos prisa cuando hemos de “explorar”, me tomo la licencia de utilizar el lenguaje técnico, a un niño.
Y enlazando con el tema del maltrato en el ámbito familiar, que es una de las cuestiones que aborda el autor, el libro me sugiere una última consideración, la importancia del apoyo familiar y social, sin el que los instrumentos legales y judiciales, que, no me resisto a decirlo, son suficientes y funcionan razonablemente bien, resultan en ocasiones inútiles. No me gustaría que estas palabras sonaran triunfalistas porque en la lucha contra el maltrato en el ámbito familiar, de la mujer, de los menores, de los ancianos, de los discapacitados, en definitiva, de los más débiles, dentro de la trampa en que puede convertirse un hogar, es tarea diaria y nunca debemos sentirnos satisfechos con los resultados. Pero también debemos ser conscientes de que no todo se resuelve con más leyes o con leyes más duras, porque, sin despreciar la finalidad preventiva de la pena, la justicia siempre actuará a posteriori, cuando el maltrato ya se ha producido y ya existe una víctima. Que la situación no llegue a producirse es el terreno donde debe plantearse la lucha y aquí la educación y la sociedad en su conjunto tienen mucho que decir. Resulta desalentador ver cómo parejas muy jóvenes, casi niños, plantean su relación amorosa en términos de posesión, cosificando y denigrando al compañero, y una vez privadas las personas de dignidad, la violencia no encuentra obstáculo moral para abrirse paso.
La decisión, largamente meditada, de María de denunciar a su esposo, no es un salto en el vacío, sin que ello suponga restarle mérito. Desde el principio, la protagonista se ve arropada por su familia y por la presencia de esa amiga que, sin rebasar esa delgada línea que separa el respeto a la intimidad familiar de la indeseable injerencia, le hace saber “cuando te decidas, estoy a tu disposición”. Envidiable la red de cariño que la sostiene, y qué distinta la suerte del esposo, marioneta manejada, con escasa destreza en sus respectivos teatrillos, por la madre posesiva y los amigos de parranda, y en la más absoluta soledad en su particular descenso a los infiernos.
Beatriz Goded, juez
Junio 2009
PUBLICACIÓN septiembre 2010 (Presentación organizada por El Corte Inglés el 30 de septiembre)
Prólogo
Ante libros como el que tengo el honor de prologar, resulta obligado traer a colación la feliz definición de “editor” que acuñó para sus muchos lectores D. José Manuel Lara Hernández, fundador de Editorial Planeta: “el editor es aquel que pone en contacto a quien tiene algo que contar, con todo aquel que le quiera leer”. En este caso, Manuel Morera, amigo de cuitas editoriales y electrónicas, justifica plenamente la anterior definición, tanto con este libro como con sus libros precedentes ( “Manolín ya es un hombre” y “El niño de los pies zambos”). Y lo justifica porque tiene algo que contar, y ya ha demostrado que hay mucha gente que le quiere leer, como atestigua su editor, que ha contribuido con su esfuerzo a ello. Y no sólo por ello, sino porque, detrás de lo que fantásticamente cuenta, está la más elevada de las intenciones.
Efectivamente, Manuel Morera ha tenido la desgracia de padecer en su cuerpo una extraña e inesperada enfermedad, que le ha supuesto un abandono prematuro de una exitosa actividad profesional. Lejos de amilanarse, se ha crecido, como los mejores toros, y, fiel a sus valores vitales, ha convertido -cual rey Midas de la era de Internet- dicha situación en una oportunidad. Una oportunidad de enseñar a mucha gente como sobreponerse a sus reveses personales, y hacerlo de la mejor forma posible: siendo útil -mucho más útil que muchísimos de nosotros- a sus semejantes. Y ello lo hace merced a un don, la creatividad a través de la escritura, y una voluntad férrea, que le lleva a trabajar sin descanso.
Buena prueba de lo anterior es el interés que despierta su obra, que pueden ustedes comprobar personalmente accediendo a su excelente página web, y viendo que están acompañados de un millón de visitantes adicionales. ¿Cuáles son los cimientos de dicha popularidad, de dicho interés colectivo? En primer lugar, su estilo, directo, ameno, costumbrista en lo actual. Tras ello, los valores que comunica, tan escasos en una sociedad, la nuestra, muy proclive a engrandecer desgracias y minimizar ilusiones. Sus escritos destilan esperanza, porque para Manuel es uno de los ejes centrales de la vida.
No quiero “aguarles la fiesta” y, en cambio, sí quiero invitarles a que lean este espléndido libro y, a través de él, se sumerjan en la obra y en el personaje. Sé que me lo querrán agradecer, pero quiero anticiparme: desde estás páginas, soy yo quién les quedo, a ustedes, queridos lectores, y al autor, muy agradecido.
Jesús Badenes del Río
Director General (División Editorial Librerías Grupo Planeta)
“MANOLÍN YA ES UN HOMBRE” SE LANZA EN VALENCIANO (Edición especial para el Colegio Helios)
Publicación febrero 2011 POEMAS Y CRÍTICAS DE LA VIDA COTIDIANA
PRÓLOGO
Ya que de poemas va el siguiente compendio, utilicemos como prólogo un ejemplo.
Seleccionaré el de El estúpido miedo, pues es lo que ahora siento,
ya que si el lector en el inicio se siente satisfecho y placentero
estoy seguro que por su cabeza pasará la continuidad de leerlo.
En caso contrario, como es lógico ya se lo han imaginado,
habrá sido vano el intento y las horas de trabajo
pues aunque no tiene nada que ver con mis primeros textos publicados
habría sido el primer fracaso, el primero de cuatro.
Este es solo para divertirse, solo para que sonrían un rato.
No hay que buscar donde no existe ni pretendo nada de aplausos,
solo, que si hasta ahora la fidelidad ha sido su caso
siga como siempre y busque El embrujo de los primogénitos, mi próximo trabajo.
El miedo se dice que es libre. EL miedo es temor pavor y canguelo.
El miedo no sé si es más una inseguridad ante lo desconocido,
la incertidumbre ante cuando ocurrirá un hecho no satisfactorio
o la sensación que se tiene de pánico y desasosiego.
El miedo no es lo que siento en este momento, si no como estaré de viejo.
El miedo es perder lo que más quiero, no por la ausencia, si no por el desconsuelo.
El miedo es lo que todos los días veo y no le puedo poner remedio.
EL miedo es no saber lo suficiente para poner en libertad al que a pesar de inocente es reo.
¿Por qué se me habrá ocurrido este estúpido poema?, pavor me da ello.
¿Por qué tal ocurrencia a estas horas que me roban el sueño?
¿Es que no soy capaz de dormir por cobardía y recelo?
No. Más cierto es que es otra de las mías, otra de terror me temo.
Miedo es lo que me doy cuanto más avanzo y tecleo,
pues los dedos no paran aunque yo por Dios lo intento.
¿No será una fuerza extraña la que me lleva al hundimiento?
¡Qué susto!, qué sobresalto tengo cada vez que lo pienso.
Dejemos de imaginar lo feo y busquemos otro antónimo ejemplo.
¡Ya sé! Hermoso, alegre y mejor el color blanco que al fúnebre negro,
son las palabras de las que ahora me acuerdo.
Ya lo he conseguido, por fin, ¡o no! un fantasma me viene de nuevo.
Mejor será que intente, o mejor dicho, dormir obligado me siento,
ya que si sigo siendo incapaz de hacer lo que de madrugada más anhelo.
Más tarde que temprano si no duermo de vez en cuando,
un ataúd de pino, aún no queriendo, terminaré utilizando sin merecerlo.
Manuel Morera
Un amigo, o eso creo
El EMBRUJO DE LOS PRIMOGÉNITOS (novela de ficción)
El escritor, aunque no se puede desprender de ser conocido como el autor de “Manolín ya es un hombre” y otros títulos, como el libro de auto-ayuda “Reflexiones sobre una transformación”, deja por ahora el costumbrismo y  nos sorprende esta vez  con una historia de ficción, donde se mezclan escenas de la Edad Media y la actualidad.
Un atractivo bombero y una detective especializada en casos paranormales y esotéricos son los protagonistas de tan amena aventura.
El relato transcurre en la capital valenciana y sus cercanías. Una combinación extraordinaria de sucesos enigmáticos y acción, que acompañada con mucha información cultural e histórica  y su habitual forma de escribir sencilla y natural, la hace primordial en nuestra biblioteca. Perfecta novela para que muchos se acerquen con orgullo a la riqueza histórica valenciana. “Ya que algunos no van a la cultura, que sea ésta la que se aproxime a ellos. Hagámosla entretenida”, suele decir Manuel Morera.
SEGUNDA EDICIÓN
“Como endulzar nuestro destino”